Opinión
Opinión: Un candidato
Un candidato debe tener un punto cardinal en el cual referenciarse. Un objetivo expuesto y expresado con suma practicidad y con palabras que sean entendibles por cada quien. Sin eufemismos ni despropósitos. Ubicado y ubicando a la gente en un sitio correcto. Más allá de las ideas que pudiese representar aquél que lo escucha o lee.
Un candidato tiene que ser probo, singularmente probo. Caso contrario, podría fácilmente convertirse en un sujeto defenestrado por la oposición. En nuestro pago chico, no obstante, las cuestiones privadas parecen interesar demasiado poco a la hora de sufragar. O un rato antes, al momento de elegir por quien hacerlo.
Un candidato ha de saber bastante. O aparentar saber. No es recomendable un titubeo frente a una pregunta del periodismo. Y si no comprende con certeza de algún ítem en especial, es menester tomar con rapidez la guitarra y “guitarrear”, pero no quedarse mudo en ningún instante. Los silencios o las dudas de los políticos, suelen terminar siendo fatales.
Un candidato no puede escaparle a nada: una reunión con señores empresarios, o una recorrida por un barrio desprovisto de asfalto. Poner buena cara ante todo y no quitarse el barro hasta ya estar lejos del lugar. Los vecinos observan y les agrada que no se amilane jamás ningún visitante ilustre. Otra cuota de efecto positivo la da, el tomar mate con las familias y el decir siempre “que lindo mueble” o “que hermosa fórmica”, o frases por el estilo. El halago infla el espíritu hasta del más deprimido.
Un candidato tiene que ser personal. O sea, mis lectores, no imitar a nadie. Ser él mismo, en cada circunstancia. Otro tema a mirar es, no contradecir ni por casualidad, al que vive en un determinado complejo habitacional. Eso exacerba los ánimos del posible elector y no juega a favor del postulante.
Un candidato debe escuchar con atención, sin interrumpir. Y ha de agachar la cabeza ante la queja o reclamo fundado. No es óptima idea dárselas de soberbio. El eje de la charla siempre apuntará hacia el centro de la cuestión, es decir, haciendo permanente hincapié en que la gente es la prioridad, hoy y mañana también. “Sin la gente, no soy nada”, dirá como un axioma de campaña el oferente político.
Un candidato debiera ser coherente.
Por Mario Delgado.-





