Opinión
De los hartazgos de los diagnósticos
Cambios en la cúpula uniformada: Albertario a la Distrital; Miguez a la Primera y Cisneros a la Departamental. Mutaciones emanadas desde el Ministerio de Seguridad. Leves esperanzas en la sociedad olavarriense de que algo se encamine en materia concerniente a mejorar la calidad, la tranquilidad, la paz a la que todos los ciudadanos de bien, poseen derecho adquirido de disfrutar. Por Mario Delgado.
Variaciones de nombres de servidores del orden que se inscriben en un círculo, en una rueda de eterno retorno. Al mismo minuto contamos con sectores geográficos del partido de Olavarría plagados de incertidumbre y desazón, habida cuenta mis lectores, de un avance inusitado e impertinente de delincuentes de toda índole, de baja estofa, quienes se dedican sin restricciones a su pésima actividad de complicarle la existencia a los hombres de buena voluntad.
La gente de Roque Sáenz Peña al 500, está sobreexitada, con el alma fuera del cuerpo. ¿Por qué? Por mucho: Por tiroteos, saqueos de casas y enfrentamientos de pandillas, cual película Clase “B”. Una familia destrozada tuvo que armar de apuro sus valijas e irse de esa zona arrasada por los fuera dela ley.
Se cuela el miedo por las venas. Un temor que vence los cerrojos, las rejas, las alarmas. Y en otro ángulo de nuestro hábitat, idéntico cuadro de situación. Un negocio que se abre con entusiasmo y optimismo y, a los escasos días, se ve obligado a clausurar todo anhelo, por cuenta y orden de la impresentable lacra.
Otro repaso al mapa urbano, amigos, y más personas que se encierran en sus casas, ejerciendo así una especie de contra reacción ante las olas impiadosas y continuas para peor. Miramos en distinta dirección y divisamos una vivienda de un pobre trabajador que se rompe el lomo doce horas en una fábrica, y arriba a su propiedad y observa la puerta abierta. Señal inequívoca de que hubo violación de domicilio. Y le revolvieron sus pertenencias. Y le sustrajeron las pocas grandes cosas que con sacrificio ha podido adquirir este señor.
Entonces la tinta cubriendo hojas, con diagnósticos de lo que acaece, se va a una órbita lejana. Entonces los discursos de expertos, son fuego fatuo. Entonces lo que importa, de aquí en adelante, es el imprescindible hallazgo de SOLUCIONES. La vecindad está inflada de “diagnosticadores” de turno que se limitan a ajustarse el lindo nudo de sus corbatas al tono y explayarse en los oblicuos “porqués” del drama.
Ya no le interesa el por qué a las víctimas de los depredadores. Eso es para los analistas teóricos. Hoy es tiempo de acción. No es solamente un “virage” de apellidos en las dependencias. Ha llegado el instante precioso y preciso de poner las barbas en remojo. O los productos de ave sobre la mesa.
Todos han de asumir la cuota de responsabilidad. TODOS. O no salimos más de esta podredumbre. La basura va al basurero. No ha de ponerse en otro sitio. El vecino que sufre la humillación de un reducido tropel de indeseables, quiere obtener protección.
Se sabe quiénes son. Se sabe demasiado. ¿Se obra en consecuencia?
Por Mario Delgado.-




