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Facetas tristes

¿Qué insidiosos dramas pueden haber acaecido en la media tarde del jueves 29 de marzo, en calle Dorrego 525, barrio Coronel Dorrego, para que un hecho de sangre enlutase a una joven familia?. Por Mario Delgado.

Los anales sintéticos dicen sin aportar mayores precisiones, que un joven de 24 años de edad, Nicolás Acuña, estando en la vereda de una vivienda que habitaba, recibió un disparo de escopeta por la espalda que le ocasionó el deceso poco tiempo después. El agresor habría sido un menor de 14 años.
Y la consulta no obtendrá fácil contestación. De hecho, hasta aquí, no la haya todavía. ¿Qué vieja o novel contienda pudo desencadenar la tragedia? ¿Cómo es factible que un menor porte tan livianamente un arma y sea capaz de tamaña demencia?
El asesinado tenía familia consigo: una joven mujer y un par de pequeñitos. Uno de ellos incluso, sólo contaba con dos días de vida cuando Nicolás fue ultimado. La multiplicidad de la desgracia hace estragos.

Y pasadas las semanas, nos topamos este viernes 20, luego de la hora 17, con una marcha convocada en pleno centro olavarriense, a la que asistieron treinta almas, para reclamar que el implicado “no quede libre, que no salga”.

Esta movida tuvo empero, ciertas características particulares. Una de ellas, quizá la primordial, fue que en rigor de ser honestos, mis amigos, nadie enarboló grandes contenidos del cómo o del porqué de aquél acontecimiento tan tremendo que le costó la existencia a Nicolás.
Un muy allegado a la familia le dijo a este cronista: “Yo no sé nada. Preguntale a la señora”. Llamativo. Y respuestas de este tenor se acumularon. Inclusive una vecina, que ofició de vocera del caso, reconoció “no haber visto nada”, en ese instante crucial, aunque sí afirmó “escuche un tiro”.

La compungida señora del fallecido Acuña, apenas logra articular escasas frases. Pero es concisa al precisar que “nadie de la Fiscalía me ha llamado”. La letrada que entiende en esta causa es la doctora Mariela Viceconte, del Fuero Penal juvenil. Además sostuvo la mujer que ha sido objeto de sendas amenazas por parte de “familiares del menor” y dichas amenazas, están registradas “todas en mi whatsapp”. Ella puntualizó que le prohibieron organizar la marcha, so pena de que “si la hacés, incendiaremos tu casa”, le habrían prometido con furia lacónica.

La chica estaba quebrada. A su lado el cochecito del bebé que apenitas vio a su padre. El silencio se hace ominoso y se corta un tanto con el blandir de pancartas y fotos de la víctima fatal.
“No queremos que salga”, repiten cual mantra. El supuesto matador está en un Instituto platense, pero según interpretaron los manifestantes, podría quedar “suelto” en breve lapso. Y ese es el primordial temor de los amigos y familiares de Nicolás. Y de su mujer, claro, que entre lágrimas sugiere un “Justicia” tantas veces escuchado en el centro de la ciudad y por tantos casos sin solución.
La congoja envuelve la tarde y caminan en procesión en derredor de la Plaza Central, cual paseantes de una pena sin fin. La indiferencia de transeúntes y automovilistas es significativa. Es evidente que se ubican en el tablero, muertos de primera y segunda clase.
Por Mario Delgado.-

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