Opinión
Alfa y Omega
Se terminó. Lo peor del setentismo cayó de bruces luego de doce años y de cientos de agoreros que intentaban transmitir una corriente de miedo, de vuelta al ocaso, de oscuridad casi diabólica. Acólitos del dolor innecesario, se quedaron con las manos vacías y un resquemor en el alma.
Ganó Mauricio Macri, inaugurando de tal forma, una novel estrategia en un país que anhela desde lo más profundo de sus venas, sentirse a gusto, con virtudes y defectos en los mandantes, pero sin la llama ardiente de la descalificación para aquél vecino que no piensa igual.
Se abre una caja de sorpresas, un panel por armar, un conjunto de voluntades que deberán concordar, puesto que la carrera por correr, no puede ser desarrollada por uno solo.
Ojalá entendamos que los Mesías no vendrán a por nosotros; que solamente construyendo entre todos, saldremos a flote. Rescatando desde ya lo óptimo observado hasta aquí, mas sin que tiemble el pulso de las autoridades competentes para suplir carencias viejas y de las que han ido apareciendo.
Principio y fin, mis amigos. Alfa y Omega, según el alfabeto griego. Adiós a la corrupción desmedida, a los discursos enojosos, a la obstinada soberbia de un Gobierno central que nos irradió destellos de irritabilidad y desconfianza en el otro.
La oportunidad no fue desperdiciada; por el contrario: la mayoría expresó su aval concreto a “Cambiemos”. Sin dudas, sin objeciones, sin fraudes, con el corazón predispuesto a lo que vendrá.
Hemos de ser conscientes de que nada es fácil. Sin embargo en el imaginario colectivo, se advierte otra animosidad, otro encanto, una alegría impensada tiempo atrás. La Argentina viró en su rumbo y no se hundió el barco. Porque el navío no naufraga ante un reemplazo de Presidente. Porque la democracia es mucho más; es alternancia, entre otras cosas, amigos del alma.
Por resolver con rapidez, figuran en carpeta varias cuestiones: la maldita inflación, que los ultra kirchneristas obsecuentes han negado con bestial insensibilidad, la economía cerrada con llave; el hambre y la desnutrición que perviven en la geografía del país más rico en alimentos; la inseguridad que nos asola sin piedad y con impunidad maléfica, la carencia de empleo genuino; la calidad educativa que no llega nunca y variopintas consignas más.
Que tome la posta con urgencia el próximo líder de Casa Rosada, de éstos ítems, casi al mismo tiempo de asumir el 10 de diciembre. Por ahora, el pueblo apoyó una transmutación de valores. Que sea para bien.
Por Mario Delgado.-




