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Salir del pozo
El optimismo es una condición, si se quiere una virtud, mis lectores, que no se debe perder, aún frente a los incendios del alma. Hace semanas atrás escribí en este prestigioso diario una columna titulada “A quince minutos del centro”, en la cual pintaba un tapiz desolador de una familia muy joven que se hallaba atada por la miseria más tenebrosa y crucial. Hoy, y luego de echar un vistazo a la nueva realidad de estas personas en cuestión, redundo en proseguir contando una historia de vida, de esfuerzo y sobre todo, de unión en el amor, pese a las contingencias adversas que pudiesen sobrevenir.
La primera hoja de la crónica dirá irremediablemente que Héctor Vásquez, su mujer Mariana Muñoz y sus tres niñitos, e inclusive uno por llegar en dos meses, han sido golpeados por distintos gigantes.
Situaciones de dolor y templanza que han convergido para hacer de este núcleo, una auténtica fortaleza inexpugnable, donde no penetran las balas del frío, de la carencia de alimentos o la paralizante impotencia de no tener prácticamente nada al alcance de la diestra.
Sí la tuvieron en contra a la felicidad por varios meses, amigos míos. Ella con 26 años y él 23. No es fácil asimilar las contraindicaciones del día a día cuando el viento se cuela por las chapas o la panza chilla su retahíla infernal, anhelando un plato de comida inexistente.
Mas las penas también pueden diluirse en el agua del cariño y la solidaridad. Porque, enterados del caso triste, un grupo de personas con ímpetu arrollador, comenzó a mover hilos en aras de mutar el llanto en gozo.
“Sumando Sonrisas”, es el nombre de la asociación que puso las barbas en remojo. Y una cosa trajo la otra. Y, un excelente momento, la vivienda de la familia de Mariana y Héctor, volvió a convertirse en la normalidad de una casa de materiales, con amplias comodidades, patio, calefacción, agua, baño y hasta unos simpáticos gatitos que se apoltronan junto al hogar que arde con leña seca y refulgente.
De golpe, la noche obscura, cerrada en el cenit, se transformó en luz solar. Y entonces las criaturas corrieron por la casa y la pareja se abrazó, una vez más, aunque ahora, acostados en una decente cama.
Calle 18, Número 3506, barrio “Nicolás Avellaneda”. La estrella del encuentro se hace visible. “No quiero que otros transiten por lo que pasé yo”, resume el hombre del hogar con una mueca que no logra ocultar del todo, amigos, lo que solo él sabe que acaeció en su ser durante este anterior tiempo.
Mariana ceba mates y cuenta de sus niños, del Jardín, de la Escuela, de un futuro que se presagia en el aire, le deparará algo mucho más halagüeño a ella y su entorno. Porque el chiquito que arribará a este universo en breves semanas, tendrá que percatarse de la bondad, del afecto, del sincero cariño de la pareja y de sus hermanitos. Y no es menester que también él cobije angustias tempranas.
Héctor consiguió empleo, gracias a gestiones al respecto. De a poquito van saliendo del pozo. La maquinaria de la beneficencia ya se aceitó y por ende, no se paralizará.
En tal caso, si ustedes pueden echar un guante solidario, será por supuesto bienvenido. Aún les hace falta algunas sillas, una cocina, frazadas, camitas para los chiquitos y alimentos.
Toda donación será recepcionada con entusiasmo. En Facebook: Sumando Sonrisas. Teléfono: 15 35 43 09, o directamente a la dirección antes mencionada.
Por Mario Delgado.-




