Opinión
Sin excusas: novedades en el barrio Independencia
Los departamentos de los monoblocks del barrio Independencia, rozan las nubes. Están cerca del cielo. Sin embargo, mis amigos, la puesta en escena de la metodología empleada en la gran mayoría de las usurpaciones, roza las puertas mismas del infierno. Por Mario Delgado.
Aceitada y perversa maquinaria del terror que infunde zozobra y quebranto entre la gente de buena voluntad del sector que, de una forma u otra, se ve afectada por los movimientos incesantes, este último tiempo, de una auténtica red al servicio del caos.
La cuestión, como se ha dicho y escrito, viene de arrastre. Las salpicaduras de lodo, las mordeduras de serpiente, siempre se hicieron presentes. El tema crucial es que, por ahora, han recrudecido ostensiblemente.
Al parecer, el entramado consiste en desarrollar la siguiente estrategia delictual, con sendas participaciones y complicidades de alto vuelo: una persona “X”, actúa con soltura como cabecilla. Comanda un “grupo de choque”, integrado por individuos que hacen el laburo específico de tomar los apartamentos.
Cumplida esta instancia, se inicia un proceso de “venta” o “canje” del inmueble, pudiéndose utilizar en la operatoria ilegítima, dinero o permuta por motos o automóviles.
Los presuntos “adjudicatarios” son miembros de una familia vinculada a actividades diversas, todas claro bien fuera de la Ley.
En un raid muy cercano por los pasillos barriales, se toparon con un señor dueño real de un apartamento. Le hicieron una zancadilla a su honorabilidad y le sustrajeron su portafolios con un tesoro valiosísimo: la respectiva escritura de su propiedad.
Tal tipo de temeridades resultan viables por acciones incorrectas u omisiones vergonzantes de determinados funcionarios y profesionales.
Pero claro que la prisión ha sido hogar en repetidas oportunidades de los “cacos” del barrio, intervinientes insistimos, en estas “telarañas” complicadas y despiadadas también.
No obstante, lectores míos, la mano demasiado blanda de la Justicia, aduce dramas de índole psiquiátricos de los involucrados, y por ende, éstos terminan su periplo otra vez en libertad.
Además, y para asombro de las buenas costumbres, se podría incluso agregar a las fojas un “romance” de novela, propio de películas de Clase “B”, que dejaría mal parado a un señor de alcurnia y toga. El “Bueno” y la “Mala” unidos tan sutilmente son una fortaleza medio inexpugnable.
Mas los hartazgos populares suelen surtir efecto. Y, cuando la paciencia alcanzaba la medida del límite, cuando los nervios de punta, erizaban la piel del vecino que día a día la pelea para salir adelante, surgió la novedad quizá redentora.
La intervención del Juzgado de Azul es inminente, con la Gendarmería como herramienta punzante contra los usurpadores. Y, en aquellos casos en que se haya utilizado la excusa de la presencia de menores en la familia y un desamparo total, al momento de tomar un departamento, el Estado deberá hacerse cargo de la situación y derivar al niño o niña a un sitio adecuado, lejos de las llamas del Seol.
Las excusas llegan a su ocaso en el Independencia.
Por Mario Delgado.-




