Opinión
Humano, demasiado humano
El Sumo líder de la grey católica universal, mandó expresamente entregar un rosario bendecido por él, con la implicancia que tal hecho presupone, a la señora Milagro Sala, acusada formalmente en su Provincia norteña de variopintas tropelías consistentes, para englobarlas y sintetizarlas, en despojar a los pobres de bolsillo, de las migajas que ella misma, decía ir dándoles para aumentar en teoría la calidad de vida de estos hermanos argentinos.
Mentiras a troche y moche, apropiación de millonarias cifras de pesos, y toda una red de poder paralela, al servicio de una organización que la considera a ella, casi una semi diosa del Siglo XXI.
El sucesor del apóstol Pedro, acompañó el obsequio con una carta exponencial bien candente: “el Papa valora al trabajo de los dirigentes sociales, de quienes luchan por cambiar la situación de los muchos que no tienen casa donde vivir o alimentación adecuada”.
¿Puede, acaso, lectores míos, desconocer un hombre tan informado como el ex Arzobispo Primado de Buenos Aires, la real constitución del andamiaje “salista”, falaz y despótico inclusive?
“Se trata de la valoración de Milagro Sala en particular porque Francisco tiene la capacidad de estar atento a lo grande y también a los detalles”, señala un artículo conexo al envío tan sutil y controvertido.
¿No estamos, pues, ante una auténtica presencia de la señora Contradicción? Porque nos topamos a diario con la discursiva de don Bergoglio en aras y en favor de ir eliminando cuanto antes la fatal corrupción imperante en distintos ámbitos, e ir en la senda marcada de la transparencia a ultranza. Y aplaudimos todos semejantes conceptos vivificantes: los cristianos, los musulmanes, los judíos y por qué no, también los ateos, puesto que ¿quién en su sano juicio se atrevería a desaprobar semejante retórica pontificia, que conmueve las mentes y los corazones de auditores de todo el globo terráqueo?
Sin embargo, amigos del alma, el timbre suena, llamando a la reflexión imparcial y solemne. Es muy frontal el contraste, entre lo brillante y obscuro; no logra eclipsar los controles férreos de los librepensadores.
El Papa Francisco, hombre de honrosas virtudes, que nadie ha de deslindar, comete aquí un traspié singular: su voz que clama por doquier, sermonea con razón, por supuesto, en relación a que no es concebible la influencia y el dominio de la corruptela infame y sus derivados monstruosos, y prácticamente al unísono, resquebraja su ropaje inmaculado con un gesto que bien pudo evitar.
“Milagrito” no es una santita de la puna. Ni una benefactora ingenua y crédula. Es una dama que construyó su “fortificación” en base a chanchullos que ahorita mismo, están en sendos expedientes judiciales.
No la metió a la sombra la política, sino la Justicia. Y debería ella y su entorno, comprender que tendrían que dejar hacer a la Ley y luego sí, en tal caso, discernir las situaciones con mayor calma.
La reacción pontificia, nos plantea un dato cierto y hasta tal vez, lógico: más allá de su investidura y carisma, el Jefe de la columna católica mundial, continúa siendo humano, demasiado humano.
Por Mario Delgado.-




