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Opinión

La sombra del “Clan Puccio”

El jueves 13 de agosto se estrenará en todo el país la nueva propuesta fílmica del Director Pablo Trapero: “EL CLAN”, en clara alusión a la historia policial trágica de secuestros extorsivos y muerte, que acusó y juzgó en su momento a gran parte de una familia: los Puccio.

El rol principal es de Guillermo Francella, que representa al líder de la banda, Arquímides Puccio. Lo acompaña, entre otros actores y actrices, Peter Lanzani. No fue nada fácil para el experimentado Guillermo, encarnar su papel en esta ocasión, según él mismo lo declaró recientemente en notas periodísticas. Resulta evidente que la proyección de su personaje, toca, pega en realidad muy fuerte.

Se aguarda, mis amigos, con inmensa expectativa la película puesto que para varias generaciones, rememorar los hechos tan sangrientos y tenebrosos, tendrá un plus de suspenso y tensión. Y, por otro lado, para quienes desconocen la crónica, el cine se las servirá en bandeja.

La fecha en cierta forma es coincidente, ya que fue por mayo de 1.985, o sea hace 30 años, que los delincuentes tan temidos, cayeron en la red de los uniformados y se terminó con tanta zozobra y especulaciones, en plena etapa de vuelta a la democracia.

Cabe consignar que la labor delincuencial de la familia Puccio y otros cómplices, se desarrolló entre 1.982 y el citado 1.985, con un total achacado a la banda de 4 secuestros con pedido de rescate. Sólo la última víctima, la empresaria Nélida Bollini de Prado, pudo ser rescatada por los servidores del orden, luego de un mes de cautiverio. Los demás: Ricardo Manoukian, Eduardo Aulet y Emilio Naum corrieron la peor suerte.

Arquímides Puccio era contador público y manejaba un negocio de artículos deportivos náuticos y un bar. Se lo ha descripto como obsesionado por barrer la vereda de su casa de San Martín y Omar al 500, en el coqueto barrio porteño de San Isidro. Estaba casado con Epifanía Ángeles Calvo y tenían cinco hijos. Uno de éstos, Alejandro era jugador de rugby en el Club Atlético San Isidro (CASI) y colaboró en los casos comprobados por la Justicia.

La mujer nunca fue arrestada, aunque ha pesado la cruz de la sospecha sobre ella. Es bastante incomprensible que no supiese lo que acaecía en su casa, donde eran llevadas las personas secuestradas, permaneciendo en el sótano de la vivienda o en la bañera.

Alejandro murió en 2.008 y su progenitor en mayo de 2.013, luego de sufrir un ACV. Arquímides estuvo 23 años en prisión y se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Jamás aceptó culpabilidad alguna. Ni mostró arrepentimiento. Consultado por periodistas, elaboraba teorías conspirativas y eludía cualquier cercanía con las aberraciones por las que se lo condenó. Consultado sobre su estadía entre rejas, la describió como “el infierno”.

Más allá de presunciones, lo determinado por los investigadores no resistía dudas: “El Clan” actuaba en busca de dinero, sin segundas intenciones. Se descartó de plano la posibilidad de que se hubiera tratado de cuestiones políticas.

Por Mario Delgado.-