Opinión
Negro el humo
Se levanta hacia el cielo cual impresionante gigante bifurcado en la tarde – noche. Es el humo denso, negro, espeso a más no poder de las gomas quemándose. Agitadas las jornadas por personas de dos barrios que entienden que es menester vivir de otra forma. Por Mario Delgado.
El sitio geográfico puntual es la intersección, el encuentro de las vías de la calle San Martín con la Avenida Eva Perón o ex Circunvalación, de acuerdo a las preferencias. Allí se yergue el fuego y la confluencia de Vecinos Autoconvocados de dos barrios: Villa Magdalena (ex SCAC) y Villa Aurora, cubriendo así una franja de prácticamente unas 100 cuadras.
Los encendedores de gomas son personas que no representan a entidad alguna. Por fuera entonces de cualquier acercamiento con los fomentistas, abrieron el sendero de la protesta incendiaria y notoria.
El efecto es llamar la atención del Palacio San Martín, el cual debiera, según los peticionantes, concretar un viejo anhelo: realizar cordón cuneta y asfalto para la zona en cuestión. Dicen desde luego, no haber sido oídos antes, por tal motivo tomaron la decisión de cortar el tránsito vehicular, a la espera de respuestas urgentes que los satisfaga.
Algunos chicos acarrean cubiertas. Por ahí arriba una camioneta con refuerzos. El calor se intensifica, contrarrestando el frío que penetra por los poros de los manifestantes. “Hace 23 años que vivo acá, señala Rodolfo, y quiero junto a mis compañeros, que se contemple también este lado de la ciudad.” Aduce sentirse discriminado, en cierta forma.
Una formación de Ferrosur se detiene a metros del epicentro del evento. La Policía, presta, detiene el tráfico en Avenidas Colón y Del Valle, evitando un amontonamiento, un cuello de botella en el lugar de los hechos. Hay buen diálogo.
No es tarea fácil mantener firme el fragor de las cubiertas. Por momentos, decae la impetuosidad del humo. Se barajan posibilidades de acciones futuras, entre mate y mate. Las horas son lánguidas y eternas para los protestantes. La soledad nocturna los comienza a envolver. Y la risa sarcástica del señor Invierno que baja, replegando todo intento de permanencia en el puesto.
Un día y otro más. Repetición de escenas pero con menos actores. Y el silencio del lado oficial. Ningún opositor tampoco se arrima al fogón. Un uniformado del área de Tránsito enciende un enésimo cigarrillo. Tambalea el paquete. Un vecino que lleva la voz cantante arenga a la tropa en el segundo acto del encuentro, en el segundo día de reclamos.
“Las calles son un auténtico desastre, sostiene una señora de unos 40 años de edad, cuando llueve, los niños no pueden ir a la escuela”, afirma a la vez que azuza un tanto la fogata. A lo lejos, muy a lo lejos, el colectivo de la Línea 501, hace un obligado recorrido de emergencia.
El chofer mastica bronca. 25 minutos de retraso lleva ya y se puede estirar la cuerda. La gente se baja en Colón y Pellegrini y a caminar se ha ordenado. El crepitar de las llamas se percibe. Se agotan las charlas allende las vías. Son las doce de la noche, las últimas almas se van del ángulo de la proclama.
Negro el humo que se advierte en el aire.
Por Mario Delgado.-




