Connect with us

Opinión

La rendición de cuentas en el HCD: El valor de los números

La consistencia de la Rendición de Cuentas del período 2015, fue tal cual se preveía con luces y sombras redoblando la apuesta de un Concejo Deliberante con una especial particularidad: contar con un Departamento Ejecutivo no presidido por José María Eseverri, como ocurría en los anteriores ocho años de ejercicio.

Entonces se entrecruzaron diversas cuestiones que encendieron mechas de polémicas y chicanas, con pronunciados y álgidos pases de factura entre los que estuvieron en la faz oficialista y quienes lo están hoy.

Todo arsenal es válido para lanzar dardos envenenados y para contrarrestar golpes de efecto muy pronunciados. Y, hablando de números, la noche se desdobló en cifras que se esgrimieron con pasión, defendiendo lo actuado o pronosticando un novel gobierno más promisorio y sin gastos cuantiosos en el aire.

La efervescencia de los émulos de Eseverri, sostenida por la concejal Margarita Arregui en su fundamentación inicial y luego también por Einar Iguerategui, tuvo que ver principalmente con respaldar y subrayar lo efectivizado en anteriores días, con una impronta impregnada en la ejecución de obras que siempre fueron un marco de referencia de la precedente administración.

Pese a un pedido expreso del Tribunal de Cuentas para compensar los excesos producidos en la ejecución del Presupuesto de Gastos de 2015, pese al señalamiento de los gobernantes presentes de un pronunciado déficit, para la voz del núcleo de José María, “Galli mintió” aseverando las cuentas en rojo.

Del otro lado de la línea candente, el arquitecto y veterano en estas lides, don Ernesto Cladera, hace sonar los alto parlantes del salón con un lapidario “se patinaron todo”.

La enumeración de obras, contrasta al parecer con las carpetas de cosas por pagar que se amontonaron en Economía y Hacienda.

Para unos una auténtica “inversión” y para los otros un proceso de apresuramiento con un contexto electoral interesante: el del año pasado, mis amigos.

Por el andarivel de las abstenciones la cuestión se fijó, podríamos sintetizar, desde un deseo de que se les dé más tiempo de análisis a los ediles, pedido de UNA, hasta la postura de no quedar en medio de una puja arbitraria, hecho esbozado por Federico Aguilera, por ejemplo.

El asunto es claro: 8 por el “Sí”; 7 por el “No” y 5 “Abstenciones” y aprobada la temática con quejas incluidas al sistema RAFAM y con una disyuntiva insalvable para los dos adversarios en pugna.

El ex oficialismo no tiró al aro ninguna autocrítica, a excepción de lamentarse por no haber podido concretar más acciones prácticas, o sea visibles obras que redundasen en beneficio de la comunidad.

Quizá no interpreten todavía que no sólo con obras se triunfa en una contienda electiva; también se debe nutrir a la tropa de humildad y se ha de oír la voz de la gente, dispersa por los barrios tantas veces ninguneados. Al eseverrismo en general (salvo honrosas excepciones que las hubo) le faltó tacto y le sobró soberbia en su momento.

Ejemplo adquirible en góndola por los gestores de poder de este instante, digamos como para ir pensando en no recaer en idénticos errores.

Por Mario Delgado.-