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Azul: “Otro día para morir”

DE PELÍCULA. A diario la población de Azul da cuenta de su tranquilidad. Una parsimonia que, a veces, es contraproducente. La vecina ciudad vive un caos en aumento desde lo político, lo social y lo económico.

Desde lo político porque, habiendo sólo cuatro candidatos que aspiran a asumir la jefatura comunal el 10 de diciembre, muchos azuleños aseguran que hoy, a 28 días del acto eleccionario, no saben a quién van a votar. “No me convence ninguno”, señalan muchos. Este desconcierto político se traduce, también, por un Concejo Deliberante desmembrado, con más de la mitad de su conformación actual dividida en unibloques donde, seguramente, es difícil lograr consensos para dotar de los instrumentos que requiere a un municipio que debe, cuanto antes, salir de una crítica coyuntura.

Desde lo social porque, más allá de la baja en las ventas que se advierte en todo el país, sólo en los últimos 30 días cerraron dos negocios de los considerados medianos (sucursales de Día% y de Otero) y esto, en un Azul con fuentes laborales reducidas, es muy preocupante. De hecho, el supermercado reabrió pero sólo con un empleado local y la firma de electrodomésticos levantó “campamento” en forma definitiva, dejando a 6 azuleños sin empleo.

Desde lo económico porque el quebranto financiero de la Comuna arrastra a muchos en una ciudad que, comercialmente, en buena medida se mueve al ritmo de los sueldos municipales. Cabe recordar que el municipio cuenta con una planta de 2.000 empleados, según números oficiales (Tres Arroyos tiene 1.700 y el doble de población que Azul). Al entrar la actual gestión en virtual cesación de pagos a los proveedores éstos dejan de hacer inversiones que, por mínimas que sean, impactan positivamente en el movimiento económico de la ciudad.

UNA CIUDAD PARADA

La endeblez financiera de la Comuna, de la mano del intendente del Frente para la Victoria José Manuel Inza, hace que se hayan dejado de hacer varias de las pocas obras públicas que se habían encarado de un tiempo a esta parte. La Municipalidad carece hasta de dinero para echarle combustible a los vehículos oficiales y –según se comenta- al menos una estación de servicio le “cortó” el chorro a la cuenta corriente por falta y/o demora en los pagos.

Desde hace al menos cuatro meses, la Comuna entró en una “bicicleta” financiera que nadie sabe dónde, cuándo ni cómo va a terminar. Desde julio, cuanto menos, la Municipalidad de Azul casi como una constante deja descubiertos en el Banco Provincia para ir juntando una parte de los 18 millones de pesos que requiere para el pago de los sueldos (esto sin contar lo correspondiente a horas extras ni a los 500 pesos adicionales de riesgo hospitalario).

Producto de esos vaivenes, también desde hace meses los tres gremios con representación en el municipio lleven adelante retención de tareas y/o paros en distintas áreas con asambleas casi diarias, lo que desembocó en situaciones que van de lo insólito a lo dramático. Dentro de lo insólito, se podría inscribir el hecho de que un personal jerárquico como el director de Control Urbano y Tránsito, Lucio Castiglione, sea quien se encargue de confeccionar los carnets de conducir, a fin de cubrir el vacío que dejan sus subalternos, en protesta por el no pago de horas extras desde el mes de abril. Curiosamente, esos pagos adicionales fueron prometidos y garantizados por el Ejecutivo luego de disponer, por decreto del Intendente, la emergencia vial en el distrito. Desde hace varias semanas, el tránsito azuleño es una completa anarquía producto de la no salida de los inspectores para mantener un control de la situación.

El retraso en el pago de los 500 pesos por riesgo hospitalario que la Comuna se comprometió a hacer efectivo a los trabajadores de los tres hospitales del Partido, hace que se lleven cursadas varias áreas donde los efectores están “parados”. Así sucede, por ejemplo, con el área de Rayos y Diagnóstico por Imágenes, donde sólo se atienden las emergencias. Esta modalidad –en ese y otros ámbitos del Hospital Municipal “Doctor Ángel Pintos”- ha puesto en literal enfrentamiento a trabajadores que reclaman amparados por un gremio y el derecho de raigambre constitucional que les asiste con la ciudadanía que tiene su propia consideración de lo que es una “emergencia”. Una mujer que por prescripción médica debe hacerse una ecografía porque el ginecólogo le detectó un nódulo en una mama, seguramente no está en condiciones psíquicas de comprender el reclamo laboral, y eso es perfectamente comprensible. Se producen desgastantes discusiones y la Comuna no intercede, como si en este conflicto nada tuviera arte ni parte.

Otra arista de una ciudad “detenida en el tiempo” lo da la inactividad del relleno sanitario, un predio que algunos medios y representantes de distintos partidos de la oposición han señalado como un basural a cielo abierto. La gestión Inza jamás tomó con la seriedad que se merece el tratamiento de la basura y, recientemente, se limitó a colocar en la zona céntrica cestos de tres clases y colores, algo que resultó ser inocuo y una señal de distracción en una comunidad donde no existe aún conciencia ecológica destinada a la separación domiciliaria de residuos. Mientras tanto, los desperdicios se arrojan anárquicamente y los líquidos que se desprenden de la basura decantan en las napas, con el peligro cierto de que lleguen al acuífero. La Provincia realizó una inspección y le labró un acta a la Comuna, instándola a cerrar el predio para su reordenamiento, pero el Ejecutivo no hizo nada al respecto y nadie se encargó de ponerle el “cascabel al gato”.

SIN CORAZÓN

La crisis que envuelve a los azuleños tomó en las últimas semanas un nuevo camino sinrazón. Por el conflicto con uno de los gremios municipales, los trabajadores del cementerio público dejaron durante varios días de realizar inhumaciones.

Si bien el jueves pasado los empleados de la necrópolis firmaron un acuerdo ante el Ministerio de Trabajo donde se comprometieron, dentro de un plan de retención de tareas, a cumplir con la atención mínima –tres sepulturas por día-, este principio de solución no alcanzó para “poner al día” el trabajo pendiente. Entre las dos funerarias existentes en Azul sumaban, el domingo a la noche, muchos más que tres cuerpos en depósito, en “lista de espera”.

Los empleados de Di Blasio y CEAL Sección Sepelios, las empresas a cargo de los servicios fúnebres, se están viendo en la penosa tarea de dialogar con familiares que, con justa razón, reclaman por poder inhumar a sus seres queridos.

Una vez más, la actual administración municipal hizo oídos sordos y se desligó de cualquier responsabilidad en la cuestión. Por el contrario, el viernes envió a los medios un parte de prensa intentando desvirtuar la realidad al señalar que “está solucionado” el conflicto con los trabajadores del cementerio.

A la vista está que ello no es así.

Azul transita una senda con rumbo incierto. Es un distrito donde es harto difícil conseguir empleo (desde hace años no se radica una empresa mediana en Azul); donde, a menos que tenga obra social, un ciudadano no puede ir al hospital público a realizarse un estudio de mediana complejidad porque sólo se atienden urgencias; y donde hay que elegir “Otro día para morir” (al mejor estilo de la vigésima película de la saga de James Bond), a riesgo de tener que ser anotado en un listado a la espera de poder recibir sepultura.

Por Augusto Meyer / Especial para InfoOlavarría