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Opinión

Los olvidados de siempre

Rozamos los cien milímetros de lágrimas del cielo, cayendo sobre la superficie del partido cementero por excelencia, y nos encontramos con los problemas casi eternos en las zonas más vulnerables, donde la tierra de las arterias se convierte en barro.
Cráteres lunares, verdaderas lagunas y el peligro latente de quebrar alguna punta de eje en ciertos vehículos desprevenidos que acierten a transitar por allí.
Trastornos continuos y repetidos, cual teoría del “Eterno Retorno”, que no se logran disimular. Es que la evidencia mata cualquier especulación. Es muy notable la desgracia de los que viven sin asfalto.
El norte de nuestra querida ciudad es epicentro de estos inquietantes avatares, aunque claro que no es una franja exclusiva del dolor y la desesperanza.
Niños y mayores salen de sus húmedos hogares, luciendo botas de gomas. Esquivando baches repletos de agua y ni que decir si intentan salir de noche. ¡Vade retro, Satanás! La calamidad se advierte con solo mirar en derredor.
Calle 124 y 9 de Julio, 130 y Avenida Emiliozzi y la lista podría seguir, laxa, interminable. Reclamos hechos ante varias autoridades y una respuesta fotocopiada: “Contamos con una sola máquina”.
Paciente el pueblo, muy. La crisis no se originó hoy, viene de arrastre. Pero la situación se agrava y por ende, las quejas de los habitantes del lugar damnificado.
La contestación oficial habrá de llegar, para calmar los espíritus. ¿Cuál es la solución? ¿La compra de una nueva máquina o la licitación del trabajo a concretar? ¿Es una temática de números, de presupuesto o de buena voluntad?
Algo parecido a una contestación responsable, insistimos, debiera oírse desde Rivadavia 2.801. Cientos, miles de almas exigen una mención, solicitan el cobijo del Estado Municipal. Cansados están, da la impresión, de sentirse olavarrienses de segunda, símiles de parias en una sociedad que no rompe aún el estigma de las cuatro avenidas.
Por Mario Delgado.-