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Opinión

Limpiar la precarización

Perdón mis queridos amigos si resulta chocante señalar que la situación de las chicas de limpieza de nuestro querido Hospital “Doctor Héctor Cura”, es por demás redundante.

“¿Cómo?”, puede preguntarse alguien con buen tino. Y sí, lamentable es catapultar tal verdad; mas es una cuestión que se ha palpado con anterioridad y las jornadas tétricas y las vicisitudes comunes, se han multiplicado para el personal de maestranza sin proceder a otorgárseles, la solución de fondo.

La parte gremial que corresponde, o sea el Sindicato de Maestranza, ha brillado por su ausencia de manera alevosa.

Muy triste es esta actitud de esquivarle el bulto a una responsabilidad concreta.

Los ojos del Ejecutivo local se han posado a veces, en la gestión precedente, con ciertas visitas del ex Jefe Comunal al nosocomio. “¿Están bien, están conformes?”, habría preguntado una ocasión en el sector del lavadero, el doctor José María Eseverri y obtuvo una lacónica respuesta: “Sí, estamos bien”.

Seco diálogo no obstante, puesto que las empleadas no podían explayarse por motivos obvios: miedos sugerentes a ser sancionadas o despedidas como si solo fuesen un mero número de legajo laboral.

¡Vaya! ¡Cuánta similitud con otros hechos! Tal es así, entonces, que los manejos del señor Supervisor de la empresa contratada, continuaron.

Y se cambió de razón social la compañía concesionaria como si tal cosa, y siguió con su tarea. Rescindiendo contratos a placer, echando gente y volviendo luego a reincorporarla con una salvedad clara: no se mantiene en pie, bajo ningún concepto, la antigüedad en el trabajo. De modo tal que la persona, de vez en vez, vuelve a “foja cero”, si me permiten tal concepto de los amigos abogados, y se pierde años de labor, con los aportes incluidos por supuesto.

Pesada mochila que cae sobre la espalda del que necesita el empleo y no quiere “hacer bardo”. Por eso se aguanta injusticias de todo tenor. Desde no poseer la ropa que amerita el lugar de trabajo, hasta tener que presentarse al pie del cañón, aún con enfermedades a cuestas.

Insensibilidad al por mayor de un tal señor encargado que representa a dueños que nadie conoce. Y se tocan elementos contaminados con sangre de cirugías, sin guantes, sin asepsia, sin un pizco de contemplación por la mujer que labura.

Se la agrede, se la obliga más de la cuenta, se la ningunea a la empleada. Después hablaremos de la violencia de género y la discriminación. Esto pasa aquí nomás, en las instalaciones del Hospital. ¿Acaso ni por casualidad, nadie sabía de todo este portentoso calvario?

La reiteración de la perversidad y precariedad laboral, debiera arremolinar a funcionarios municipales, sindicalistas e inspectores del área ministerial de Trabajo.

Lo que hoy trasciende las fronteras del centro asistencial, repito, viene acaeciendo desde lejos. El tema es que la gota rebosó el vaso y las chicas se hartaron de tanto manoseo impune.

Se comenta la factibilidad de municipalizar el servicio. Veremos. Lo interesante sería, desde ya, mis lectores, que no cayesen empresas paracaidistas, que lucran sin control con el sudor de la masa laburante.

La hora tal vez arribó para poner coto al mal trago. Si así no sucediese, estaríamos en condiciones de pensar un poquito mal…

Por Mario Delgado.-