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Opinión

Opinión: De policías y policiales

HISTORIA 1°.- Jueves a la noche. Las 21 han dado y no está sereno. Intersección de la Avenida Dante y Torcuato Emiliozzi y Calle 142. La intensidad de las ululantes sirenas de dos móviles policiales, rompen el clima nocturno, otrora sin sorpresas.

Un mayor y un menor son perseguidos por los servidores del orden. Gritos, forcejeos, armas exhibidas y esposas que relucen, ondeando grotescas.

No han transcurrido más de diez minutos desde el punto de inicio del operativo, cuando aparecen como en una secuencia fílmica, otras varias unidades con uniformados al acecho.

Los vecinos ya copan el sitio, expectantes. Se habla de un delito perpetrado recién, ahí cerquita nomás, por dos individuos de similares caracteres. Las murmuraciones se van propagando a medida que el accionar de la ley se intensifica.

Alguien da la voz de alarma. Y entonces espontáneo, se enseñorea el caos. Insultos y peticiones. Maldiciones y confusión bajo la luz lunar. Al parecer, los aprehendidos no son los auténticos culpables. Serían otros sujetos; no esos que son catapultados en los vehículos blancos y azules.

Un padre se aferra al último recurso de expresar que tienen precisos datos. Su hijo no fue el que robó. Su pibe es menor de edad y marchará en minutos a la Comisaría respectiva.

La música de los handys no es pegadiza. No transmite romanticismo; por el contrario: sólo órdenes de que el asunto se circunscriba cuanto antes, de que termine el “trabajo” ingrato por cierto, pero efectivo en esta ocasión, de sujetar a los autores de la fechoría y depositarlos con premura en su celda.

Haciendo ruido, recibiendo oprobio más que aliento, la Policía se aleja a las chapas del barrio. La estela de odio y frustración, los impregna por largo tiempo, casi hasta tocar “tierra firme”, distantes ya del espacio conflictual.

¿Eran o no eran “chorros” los aprehendidos? La gran pregunta del bonete, quedará flotando cual hoja en el viento.

HISTORIA 2°.- El alumno cuenta en su casa que la maestra, haciendo gala de desprecio e impunidad absoluta, le puso a él, un alumno modelo, una baja, por no decir bajísima, calificación.

El padre deja por un momento el vaso de vino, piensa un segundo, cosa que no es habitual, y decide que debe salir a “campear” el temporal y ponerse el overol, defender a ultranza al chico que no ve demasiado durante el día, mas de cualquier forma, es su hijo y punto.

Después de todo, quien es esa señora de guardapolvo para descalificar la sabiduría de su chiquito. No obstante algo de duda le carcome el marote al hombre, puesto que jamás ha hecho la mínima revisión de los cuadernos o carpetas escolares, ni de éste ni de los otros niños suyos.

Otro vaso de vino y le ruje a su mujer: “Vos nunca me contás nada de ellos”. La dama aludida no discierne rápido pero aprovecha el impulso para mandarlo a la … China.

El tipo en la puerta del cole hace tremendo escándalo, en nombre de una paternidad siempre ausente, pero enloquecida ahora. “¿Quién es usted?”, inquiere un auxiliar de la educación, que sobre el pucho oficia de conciliador.

Francamente, no da frutos su breve gestión, habida cuenta de la voracidad destructiva del progenitor que agrede a la educadora de su “ángel” y de rebote la liga la Directora que emergió de su salón, a expensas de la incómoda cuestión de violencia.

El alumno volverá a no estudiar y el señor papá a su eterno vino. Los dos, equivocados creerán, que cabalgan sobre brioso corcel.

HISTORIA 3°.- Y para colmo de males, un preso de Sierra Chica, se hacía pasar por juez…

Por Mario Delgado.-