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Opinión

Apertura mental

El conservadurismo tiene estas cosas. Nos preocupamos por mantener tradiciones y a lo mejor, no abrimos la ventana a los aires nuevos que ya soplan. El tópico en cuestión resulta sencillo y complejo al mismo tiempo, mis amigos: no ceder a las presiones del entorno y del modernismo. Por Mario Delgado.

Olavarría es una hermosa ciudad conservadora “al mango”. Pese a quien le pese, es así. Se producen reacciones alérgicas frente a un punto de inflexión, por más nimio que éste pueda parecer.

Las estructuras han replicado desde sus inicios, tal tendencia. Ejemplos sobran a raudales: la idea de la “vuelta al perro” vigente, la displicencia de los sábados por la noche y luego el salvoconducto eclesial de la misa dominguera. La estupidez de prohibir fumar en lugares determinados, cuando la comercialización de drogas ilegales es una realidad concreta e irrefutable.

Vestiduras que se rasgan, genuflexiones vanas y un ir y venir por las sendas macabras de las apariencias y del “¿qué dirán los demás?, como si fuesen los otros quienes van a resolvernos la agenda de nuestra propia existencia terrestre y efímera.

Mentalidad de pueblo a full. Choques generacionales y de finitud cerebral. Y de ubicuidad ante el devenir de los hechos. Errores y aciertos compartidos de cada uno. Historias nunca bien explicadas del todo, héroes de salón convertidos en semi dioses de alta adoración. Un combo que puso en idéntico altar a los hermanos Emiliozzi y a Alfredo Fortabat, a Juan Sarciat y a Víctor Portarrieu y así sucesivamente, hasta la cima del cénit popular.

Conviene ajustar las clavijas para que nada se vaya de control, no sea cosa que los excesos nos consuman las energías de descendientes de inmigrantes que forjaron una comarca ideal para cualquier ser humano ansioso de vivir feliz, armar una familia tipo y trabajar cuarenta años en una fábrica y no aspirar a más que tener los pulmones llenitos de plomo.

Y entonces nos sonrojamos por cualquier tema que sobresalga del molde. Lo cual puede significar un pase a la hipocresía, porque en ciertas ocasiones, se critica o cuestiona a algo o a alguien, mirando desde la atalaya de la falsedad.

Nadie pisó jamás un cabaret, da la impresión aquí. Nadie ha fallado en su relación matrimonial. La perfección copa los ámbitos geográficos locales, dándole sana envidia a vecinas poblaciones que se retuercen insertas en sus pésimos defectos incorregibles.

Tenemos muertos que aún reclaman justicia, tenemos necesidades que tironean de nuestros trajes, mas nos deslizamos sin trampolín por la pendiente de la confrontación y el negativismo excelso.

Olavarría, que quiere ponerse los pantalones largos, estalla en el supremo de los escándalos cuando un par de mujeres deciden participar de la Edición 2015 de los Corsos Oficiales, con sus anatomías pintadas, simulando llamas envolventes.

Ese es nuestro espíritu, esa es nuestra comunidad. Nos acostumbramos a los allanamientos, a las víctimas impunes y a las casas cada día más enrejadas y con dos o tres alarmas, pero una mina en tetas (dicho con respeto y cariño), ¡NO, por favor! Claro, volvemos al ejemplo del cigarrillo en el Bingo, ¿se acuerdan? “Escandalete” de ficción causó.

Por Mario Delgado.-