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Opinión

Un año de Albertismo

El 10 de diciembre se cumplirá un año desde el inicial instante del gobierno central del doctor Alberto Fernández, un kirchnerista devenido luego en ferviente opositor y, de golpe, como de la nada, convocado por la ex Presidente Cristina Fernández viuda de Kirchner para liderar la fórmula de cara a un nuevo tiempo.
En tal circunstancia, cabe la consulta en base a inquirir ¿cómo le va al mandatario y cuál es la situación real del pueblo argentino?
La argumentación que ofrece a propios y extraños, mirando con lógica e imparcialidad, es sencilla y triste: no estamos nada óptimos como país, ni siquiera en ciertos aspectos salientes. Se advierte en cambio, un retroceso o, en todo caso, un tétrico estancamiento.
El mal desempeño de su antecesor, el ingeniero Mauricio Macri, sobre todo en el ámbito económico, cultural y la falta en general en su gestión de sensibilidad social, crearon un plafón de expectativas todavía incumplidas.
Se estimaba otra impresión para la administración macrista; pero el tiempo transcurrió impávido y nada viró lo suficiente. Nada mutó en los niveles supuestos. Claro que en este recorrido hacia atrás, habrá que sintetizar una cuestión elemental: Argentina no despega, no crece económicamente desde por los menos, el año 2011.
Tal certeza nos pone en autos de un incremento de la pobreza. Hoy tenemos 64 % de niños pobres. Lo que conlleva a imaginar un alto porcentaje de familias carecientes y sin auténticas nociones de futuro promisorio, ni tan siquiera halagüeño.
Por supuesto que en todo este proceso ha continuado su accionar la clase política en su conjunto, en su amplia dimensión. Con sus “amigos del poder”, lèase empresarios. Los que van a permanecer en las esferas altas, mande quien mande. Los intocables del “establishment”.
¿Cómo es posible semejante irrupción incontenida de sobreprecios e inflación casi diaria?
Y las banalidades no se ausentan. Eso sì: empresas foráneas tienden a irse a Brasil, por, ejemplo, dejando un hueco, un vacío que no llena la llegada de otra compañía.
El increíble empuje gubernamental al retraso cambiario es prenda común a diversos turnos de gobiernos en esta parte de Sur América. Y eso es tan verídico como repetitivo, por una causa directa: la bolsa de dinero de Casa Rosada se convierte en receptora voraz del aporte de las provincias. Es la caja de resonancia. Y desde ahí, luego, vendrá la distribución acorde a los designios del Poder Ejecutivo.
Pisando tal terreno, el tema a dilucidar es: ¿Por qué Nación no procura virar el timón, con un pálpito distinto, con un reemplazo del tipo de cambio, con una baja impositiva, con una incentivación cierta, palpable, de las exportaciones?
Se achicaría así la brecha entre clases o segmentos sociales divorciados por la grieta del poder adquisitivo. Y de las posibilidades también. Sin embargo no se camina hacia esa puerta. Se prefiere iluminar otra senda que ubica al Estado cual dador de dádivas y auxilio en medio de la tormenta.
Simple y clave: no se eleva la calidad de vida del hombre común para que siga atado a la diestra del poder. Una rueda que gira en círculos concéntricos perfectos. Te doy y me votas. No te doy, no existís.
Este período de don Alberto, ha tenido un gran aliado: el asunto del virus chino. Y prensa adicta por doquier. Y un manejo de los partidos políticos afines, y del caudal electivo, y de los planes sociales. Y, por elevación, el vil servilismo de gran parte de la Justicia y legisladores que plantaron bandera ni bien se dictò la cuarentena en marzo.
De ahì que, un Presidente sin programa económico ni rumbo, ha encriptado a millones de almas y no se sabe aún cuál ha de ser el modus operandi para salir del closet. Un desastre sin atenuantes, sólo contenido por la plata puesta para el conurbano y los más revoltosos. El resto, a capear el temporal como mejor le parezca.
De Macri a Fernández, un año sin mejoras en el pueblo paciente y dócil.
Por Mario Delgado.-

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