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Opinión

¿Hacia dónde va la dirigencia barrial?

Los distintos barrios de nuestra ciudad, tienden a ponerse de pie, revitalizando en algunos casos, sus Comisiones vecinales o intentando formarlas en otros. Parece ser que se estaría ante la presencia de una especie de “entusiasmo nuevo” que determina acciones concretas en aras de darle cabida a las actividades inherentes al fomentismo bien entendido. Por Mario Delgado.

Los barrios anhelan ponerse de pie. En ciertos lugares, son los dirigentes los que impulsan los programas para integrar de verdad a su zona con la comunidad. En otros sitios, es la misma gente, desde el llano, la que empieza a mover las tranquilas aguas y se despereza para incentivar a los demás.
Más allá de los barrios postergados, que los hay, más allá de las necesidades puntuales, que existen mis amigos, se vislumbra en algunos fomentistas un espíritu de unidad con sus colegas de barrios aledaños, para hacer cosas en común. Sin perder identidad, de seguro, pero también dejando colgado en el guardarropas, cualquier tipo de personalismo egoísta y frenador de todo trabajo en equipo.
Los márgenes de laburo unificado son extensos si se planifica con comprensión y ganas plausibles de progresar. Las agendas pueden cargarse de fechas y eventos si se logra tal cometido dual.
Lógicamente se requiere un excelente marco de sinceridad y responsabilidad a ultranza, para no desbaratar las ideas antes de tiempo. O para no desmoronar el edificio por puerilidades.
No estamos escribiendo estos conceptos de balde, queridos lectores. Lo hacemos con entidad, con conocimiento de causa, porque hemos recabado opiniones y estamos al tanto de esta materia pluralista tan interesante. Ya hay en danza algunas charlas, por supuesto que hasta ahora informales, mas ya es un meritorio punto de partida. O, al menos, se husmea un sesgo introductorio a una vocación altruista por demás.
Desde reclamos por servicios que puedan necesitar, hasta fiestas para chicos en conjunto. Desde peticionar por una prioridad compartida, hasta organizar una campaña solidaria, o cualquier proyecto que se presente. El abanico de factibilidades, resaltamos, es múltiple e interminable.
Solo quedaría dar el primer pasito. El resto irá viniendo, como consecuencia inevitable de empalmar voluntades.

Se anteponen sin lugar a dudas, ejemplos de tareas cristalizadas en soledad. Y habrá detractores. O pesimistas de tal plan teórico. Todas las hipótesis, han de ser bienvenidas, sobre todo de boca de los más experimentados, de los que se han roto el lomo por un mejor fomentismo y que la saben lunga.
No obstante, el espíritu de asociarse, de mover las piedras de a dos o de a tres o de a más inclusive, debiere erigirse cual estandarte animador de la tropa. Que suene el tambor llamando a poner las barbas en remojo. Que se materialice la alquimia.

Después de todo, ¿qué se puede perder con el intento? Ya, de hecho, amén de las conversaciones entre amigos dirigentes, también se exhibe algún prototipo de unificación de ideas y de sudor de camisetas de distintos barrios, confluyendo en un propósito hermanado.
Habrá que atender entonces a los rumores y observar si se potencian lo suficiente. No es un universo fácil. Mas, ¿qué página de la vida fomenteril es en realidad una fórmula de la comodidad, un canto a la ociosidad? Si cada hoja del diario de un fomentista, recoge datos de amarguras, de zozobras y de chocar de lleno contra gruesas paredes insensibles en más de una ocasión.
Por tal motivo, daría la impresión que restan pequeños procesos para avanzar con los prolegómenos de un arco iris promisorio.
Por Mario Delgado.-

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