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Opinión

Fomentista, echale más leña al fuego

“La verdad, no me gustan ciertas cosas, como  manoseos constantes, promesas nunca cumplidas y una utilización intrínseca de la actividad y de las entidades, para fines partidarios.

No es lo que concierne al ser fomentista. Yo me retiro”, tal es la aseveración a este cronista de un señor dirigente que, a su pesar, se ve obligado, él lo entiende así, a arrojar la toalla en clara señal de cansancio. Sobre todo, eso: agotamiento. 

El universo fomenteril es alucinante, pero posee sus sombras chinescas acechando tras la puerta. Y esta etapa de la cotidianeidad, sugiere que no resulta el tiempo ideal para construir un fomentismo fuerte, unido e independiente. 

¿Independiente de qué o de quiénes? Ah, hete aquí, mis amigos, la gran consulta del millón de pesos. Porque, unos más, otros menos tal vez, pero no hay excepciones a la hora de reconocer lo drástico que puede ser tratar de mantener un grado elocuente y relevante de libertad de acción dentro de la noble función de fomentar el bien común de cada barrio. 

Son varias las puntas de lanza que chucean a los incautos que no velan por su integridad libertaria. Pareciese muy novelesco, mas es auténticamente lo que acaece a diario. Y esas tentaciones o balas expuestas en el camino del fomentista, lo pretenden desviar de su misión sagrada. A veces con ofrecimientos seductores, otras ocasiones con amenazas veladas de malos tragos. 

Se van desmoronando, empero, ciertas muletillas preestablecidas. Creencias populares que no se cristalizan en el aciago presente. O sea, estar con el poder de turno, armonizar con los líderes, no garantiza esa bendición supuesta otrora. Lo cual revela una falta abismal de tacto, también, desde la ventana oficial. 

Referentes ninguneados, dolidos, despechados, caen en depresión y huyen del redil, sin rumbo, y terminan siendo una nueva presa fácil de otros lobos rapaces que pululan la escena. 

El panorama es sombrío por doquier porque no existe el concepto de unidad tampoco. Entonces no habrá que asombrarse ante una novel pelea entre fomentistas de fuste. La crisis extendida, los lleva al cenit de la decadencia. Solo se hallan libres del dolor quienes mantienen la cabeza en orden y no precisan ayuda externa para sobrevivir. 

Nadie entrega amor porque sí en este ambiente. Hay que desconfiar de las apariencias y de los presuntos armados que intentan barnizar otros propósitos ajenos o anexos al fomentismo en sí. 

La trampa ha funcionado porque las divergencias se amontonan cual piras de leña seca. Y cualquier chispa ocasiona la llama. Puede tratarse de un fuego fatuo o de un extenso incendio con consecuencias desastrosas. Hay de todo y para todos los gustos. 

Por Mario Delgado.-   

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