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Opinión

Paren de drogarnos

La consigna era importante. La convocatoria, también. La respuesta poco aceptable. Decepcionó ver la cantidad final de adherentes a la movilización de este sábado 23, en el centro ciudadano.

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Bajo el lema “Paren de drogarnos”, las personas que se sintiesen afectadas por los sucesos públicos de hace varios días, se presumía, habrían de encarar la tarea de hacerse un tiempo en la agradable tarde sabatina, con inicio a las 16 horas, y concurrir a colaborar, a participar del encuentro.

Era, en definitiva, una forma práctica y visible de remarcar lo que les ha acaecido a algunas mujeres jóvenes en un boliche local, pero con proyección incluso a otros lugares y a más casos, léase pibas que podrían haber sufrido idéntica intoxicación nocturna.

Los hilos conducentes y la hipocresía imperativa de la ciudad, se unieron esta semana que se nos va. Hubo de todo, como en botica, dice un refrán viejito.

Apareció en escena el supuesto clamor absurdo de quienes pretendían hacer creer a la sociedad, que la temática alocada de la droga, recién llegaba vaya a saber de qué viaje. Ingenuidad barnizada de falsedad automática, puesto que la circulación de sustancias raras, pastillas y demás componentes non santos, ya caminan por las arterias de la comarca, y no solo de noche.

Y se anotó, a su vez, otro grupo de admirados, los cuales, desde diversos ambientes, lanzaron sendas proclamas de actuar ahora con todo el peso de la ley y obrar, de hoy en adelante, con diferentes cánones para la prosecución en Olavarría, de la diversión noctámbula.

Y el tercer y también ridículo estándar, lo llenaron los que despotricaron a sus anchas contra el Hospital y la atención a quienes arriban bien “adornados”, cada fin de semana.

Sin pretender errar ni quedarme corto, de diez a quince “víctimas” bullen por su “recomposición”, cada sábado o domingo por la madrugada. Por tal motivo y, atento a todo, no a una visión parcial de la cosa en sí, lo relevante de este lío ha sido la mediatización constante, cada jornada, de un drama existente acá desde hace años: la influencia desmedida del alcohol y las drogas.

Nadie en su sano juicio se tragó la sorpresa presunta de “caretas” que se rasgaron las vestiduras. Cuando poco y nada se ha concentrado en realizar para frenar el flagelo en sí.

Todos los ingredientes expuestos tal vez no alcancen para dimensionar el todo de la semana transcurrida, entre abrazos de condolencia a víctimas y excusas de inocencia.

La cruzada prometía, entonces, volviendo al eje, una porción interesante de gente para abrazar con ínfulas la causa emprendida. Pero no, apenas un atisbo de chicas comprometidas y líderes de entidades feministas y de índole social y político. El resto, inclusive los pretendidos sorprendidos, prefirieron quedarse en casa.

Por Mario Delgado.-

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Opinión

Marioneta en el sillón

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Jugadas peligrosas, sin tino, sin norte, tendientes solo quizá a agradar a la señora mentora, al cerebro real tras las sombras. O no tan al amparo de la oscuridad. 

La impresión es convincente, de acuerdo a lo desarrollado desde el inicio del Gobierno. Las presunciones màs desopilantes, se van confirmando: hay una marioneta en el sillòn de don Bernardino Rivadavia. 

Algo se podía sospechar, luego de un divorcio ocurrido una década atrás, màs o menos. El echado, volvìa después de despotricar en medio poco afines a la señora, sobre los desencantos de ser kirchnerista. O, simplemente cristinista. 

Si valìa la pena verlo y oírlo, en sus alocuciones dinamizadas y prometedoras de un porvenir sin ella en su vida. 

Sentenciò, avisò muchas oportunidades, en esos medios opositores al proyecto k, que preparaba un horizonte promisorio, sin vuelta atrás. Era un encantador de serpientes. 

Pero un dìa regresò al redil, o al corral, de la mano de su adversaria hostil. Que lo coronò en medio del caos imperante. Y lo catapultò a la fama: a presidir sin mandar y a gobernar sin autoridad. 

El servil aceptò, tal vez por la cuota mínima de poder, o por el presunto status social o por la intención de volar. Ni vuela ni sabe còmo sacarse de encima el peso fuerte de su creadora tan dominante. 

Un títere de opereta sin ton ni son. Con ínfulas, eso sì, de pseudo monarca de ocasión. Baste recordar las violaciones impuestas por este cachivache en la hora negra del Covid 19. Un acomodaticio genuflexo al estándar de su ama. 

Para no decir que no poseìa ni idea de còmo llevar adelante el país, se enojò con periodistas de esos medios a los que solìa acudir, cuando le llovieron preguntas punzantes. Y luego la excusa de la pandemia, mezclada con la herencia de Macri, lo fueron sosteniendo algo de pie, y algo enclenque. 

Quizo forzar un rancho aparte, pero sin éxito. No le daban los números de adeptos como para formar su corte. Y se quedó expectante y sumiso. 

Su jefa lo vapulea constantemente y èl sufre en silencio, tratando de arrastrarse un poquito màs, ordenando un aplauso para la monarca. Un personero del fracaso y la humillación pública. 

Payaso e inútil, aprueba el concierto de la emisiòn descontrolada. Sin soldados fieles a su servicio, sin ideas firmes, sin convicciones que permitan un cambio fructífero, sus días en el sillòn son efìmeros. 

Otra frustraciòn màs para el pueblo argentino. 

Por Mario Delgado.-   

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Opinión

La soledad del Crucificado

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¿Servirà de algo, alguna vez, clamar en el desierto? ¿Tendrà, en tal caso, razón de ser el sacrificio del Crucificado?

Los pasos de la modernidad, de la globalizaciòn, del “todo vale”, de la exaltación de la mediocridad, pareciese negar cualquier atisbo de triunfo a los sendos valores pre establecidos y hoy, tan vilipendiados. 

Està a la vista de todos, creyentes e incrédulos, que resulta màs pràctico, correr por las anchas avenidas del devenir común, de la mayoría, que dejarse criticar por los “sesudos” de cotillón, los cuales sentencian frases altisonantes para refrendar su discurso de la idiotez y trivialidad. 

Pero cuesta horrores, por lo tanto, permanecer indómito y solitario frente al embate cotidiano y crucial de los extinguidores de la espiritualidad, de la honestidad intelectual y del apego total y continuo a la Verdad. 

Cualquier iluso de utilerìa subraya conceptos y ridiculiza instancias morales. Cualquiera de las tantas panelistas de cloacas, pretende inaugurar nuevas maneras de agredir al instituido precepto de ser buenas personas. Hablan con absoluta liviandad de la vida de alguien, sin mirar sus visibles harapos. “Vedetongas”, se erigen como baluartes de la ejemplaridad, banalizando lo que tocan y endiosando o “colgando” a su mal gusto y placer. 

El Crucificado vuelve a la cruz, reiteradas veces. Movimientos conscientes o no, lo arrojan al tosco madero. No es muy atractivo subir al escenario del dolor, de la búsqueda de la trascendencia. El ojo vulgar, prefiere hurgar en las exquisiteces de la comida del rebaño.

Una discriminación, un olvido letal, un gesto adusto, todo y cada cosa, apuntala la idea de reincidir en la culpa, en colocar otra vez màs los clavos. Autènticos soldados romanos contemporáneos. 

Los procederes de quienes confrontan con la vida misma, son alarmantes y cada hora màs divulgados, para que machacando cual yunque, entren en la mente y corazón de la gente desprevenida. 

Se horadan los cimientos y se perfila otra sociedad, consumista y sin tiempo para pensar. Lo interesante es la apariencia y se nivela hacia abajo, total, la corriente va en tal dirección. 

Es imposible luchar con dignidad, con armas acordes en este contexto. Nadie sugiere bajar de la cruz al Señor Crucificado. Que quede ahì; que asì no molesta, no sea que descendiendo del Gòlgota, termine acusando a los díscolos y poco pensantes.

Los espíritus libres, comprenden. Los profetas del camino estrecho, también. Plantarse es poco gratificante, mas no es potable otra actitud, aunque se pierdan supuestos amigos, aunque estallen de odio las redes. 

Al padeciente lo dejaron abandonado. Un joven con una sàbana quiso ser el único acompañante. Pero ante el inminente peligro y castigo que podía recibir, huyò también èl. La cruz no seduce. Es un trago hiper amargo.

El cable se balancea demasiado como para sostenernos a todos. El tufo fètido de la hipocresía reinante, se percibe con un excelso olfato. 

Es màs pragmático sumarse al coro feliz de la plaza. No investigar ni husmear màs de la cuenta. De última, siempre quedarà la estrategia del “algo habrá hecho”, o la otra: “no te metas”. 

Conviene, entonces, dejar solito al pobre Crucificado, hacer còmo que nos duele y seguir “mansos y tranquilos”, sin memoria y parcializando la verdad de la milanesa. 

A propósito de cruces clavadas todavía: el 15 de abril hubiese cumplido 59 años Paula Lambruschini, quien fue asesinada a los 15 años de edad, el primero de agosto de 1978. Pusieron una bomba que la ultimò. Bah, la colocò una pérfida terrorista, no una joven idealista, llamada Lucila Rèvora de De Pedro. O sea, mis amigos, la madre de nuestro actual Ministro del Interior.

Por eso, no solamente optamos por alejarnos del Crucificado, sino también obramos para reinstalarlo en su cruz. 

¿Se me ha comprendido?

Por Mario Delgado.-    

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho