Opinión
“Que quilombo se armó con esto, amiga”
En un grupo de WhatsApp, integrado por unas veinte personas, allegadas directas a la Primera Dama Fabiola Yañez, explotaron los comentarios de todo tenor, luego del surgimiento del tsunami. El màs explicativo resaltaba: “Que quilombo se armò con esto, amiga”, y era un posteo de una concurrente al cumpleaños del 14 de julio del 2020.
Las amistades de la impresentable pareja de quien a esta altura, ya gana todas las apuestas para ser considerado con creces el peor presidente de la historia moderna nativa, no obstante han silenciado tal grupo de contacto y están muy a la defensiva. Motivos les sobran para preocuparse.
El perro Dylan, hermoso por cierto, fue parte de un decorado dìscolo en un momento de encriptamiento y miedo inducido por el elegido de Cristina para dirigir la nación. Mientras este sujeto violentaba derechos constitucionales de todo un pueblo, prohibiendo diferentes cosas, èl mismo y su mujer, se regodeaban en la Quinta de Olivos con un sèquito de adulones y amigotes, fundamentalmente de la ahora rubia ex modelo o bailarina o algo màs.
El propio Gobierno resolvió difundir lo ocurrido, queriendo frenar un hecho peor, sin embargo la ola tapa ya el barco. Una embarcación precaria y sin cerebro que guìe.
Las candidaturas oficialistas se mueven incòmodas. No pueden avalar lo indefendible con màs de cien mil muertes y gente sin despedir familiares por culpa y cargo del unicato violador de la Carta Magna.
La Justicia independiente los cita y tiemblan. Hubo además toda una serie de complicidades para permitir la llegada primero y el ingreso después de los invitados a un “festejo ìntimo, pequeño”, como lo promovìan por el celular.
Fue una bofetada ese cumple en la cara de cuarenta y cinco millones de argentinos de bien que obedecieron la orden de guardarse y no salir porque sì nomàs. Fue un golpe de gracia a la presunta idea de que “el Estado te cuida”, falacia total pero muy creìda por miles de incautos.
Federico Abraham, Stefanìa Domìnguez y Sofìa Pacchi están en la mira de las posibles almas traviesas que propagaron la fiestita de Olivos. Sus vidas, como las del resto de los concurrentes de aquèl dìa, ya no son iguales a otrora. Entre los medios y la Justicia pasan sus horas de apremio. No se merecen otra cosa, por cierto.
Y Alberto se bambolea en la floja cuerda, tensionado por su mentora que avanza otra vez sobre su perpleja humanidad. El escueto poder que todavìa conserva, es risueño. Ella anhela que eche a alguien prontito. O a Santiago Cafiero o a Pablo Biondi o a Julio Vitobello. La suerte ya marca fines de temporada para al menos uno de estos alcahuetes fernandistas. La proximidad del retorno explìcito de la viuda de Nèstor, es un hecho cada minuto màs cercano. Alberto pesca sin carnada, hasta que lo echen sin gloria de Balcarce 50.
Por Mario Delgado.-




