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Opinión

Actitudes y reflexiones

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Otra ola imponente de Covid 19. Esta vez, màs fuerte aùn que la anterior. Màs peligrosa. Entonces vuelven desde las sombras chinescas, los profetas del encierro. Es una magnìfica oportunidad para desalentar a la gente de buena voluntad y esgrimir la espada del miedo absoluto.
Tienen al alcance las cifras demoledoras. Tomadas hoy con suma asiduidad. El tema redunda, empero, en deschavar la cuestión, en proferir ciertas verdades que tratan de mantener bajo siete llaves.
Cualquier mortal consciente, puede interpelarlos y no desean verse envueltos en tal intríngulis comprometido y elocuente. La simpleza de los hechos acusa desde su balcón y se muestra para quien tenga la suficiente capacidad crìtica imparcial y concreta.
Hemos superado la barrera de los presuntos contagios diarios con creces. Y de los fallecidos también. Es triste. Por otro sendero marcha, al unìsono, el hartazgo del personal sanitario. Cansados al extremo. Se podrá sintetizar con seguridad y sapiencia que hoy saben màs del virus chino, que se hallan curtidos, que no es idéntica circunstancia a la experimentada el 2020 caòtico y único. Mas habrá que subrayar en el mismo renglón del análisis, la presión sufrida desde entonces, desde el maldito inicio de las interminables cuarentenas.
La salud està resentida. Mal humor, pésima atención en algunos casos puntuales y comprobables y patologías por demás descuidadas a raíz de la preponderancia del virus coronado.
Un lamentable combo no observado, al parecer, por cientos de almas pretendidamente dìscolas que se han relajado en demasìa y no atienden, ni siquiera acatan, las mìnimas y esenciales normas de convivencia frente a la situación conflictiva del momento.
Gente sin barbijos en parques y paseos. Pero lo que resulta peor, juntadas “clandestinas” en casas o quintas, y pubs, y otros boliches similares repletos, y donde los tapabocas brillan por su demencial ausencia.
Y aquí viene el quid de la cotidianeidad. El impulso frenètico del Covid. Seamos claros: si tales sitios se atestan de incautos y rebeldes, si los propios dueños no instalan la orden y la hacen cumplir de no quitarse el barbijo, luego de beber o comer, la milanesa se cocina indubitable.
O sea, sin eufemismos, mis amigos: la gran pesadilla de los infectados de hoy, que pululan luego como posesos por los centros de hisopados, proviene de estas presencias en bares, pubs y espacios afines, donde convengamos y agreguemos, tampoco se respeta la cantidad de humanos permitida ni el necesario distanciamiento social intrínseco.
Como todos concordamos en los desastres económicos del año previo, los bolicheros sostienen su trabajo a ultranza, aùn, insisto, sin medir consecuencias colaterales.
Vamos definiendo dos responsabilidades, pues: la mismísima población concurrente a los boliches y fiestas ocultas, los encargados y/o dueños de los establecimientos y una tercera pata la recibe la autoridad comunal, ejecutora de la vigilancia ciudadana.
Los controles pueden sentirse quizá como laxos. Sobre todo en los negocios céntricos o los allende al arroyo Tapalquè. Si los olavarrienses saben lo que es ya común, ¿por què se trata tanto de encubrir estos cuchitriles? Por algo factible de entender: la venta imperiosamente necesaria y la impunidad que ameritan ciertos “señores” a la sacro santa hora de cumplir las normas en curso.
Hay hijos y entenados, se advierte. A vista de todo el mundo se burlan de los miles de vecinos que han respetado y todavía lo hacen. Pero es màs fácil cerrar otros sitios sin culpa alguna, como templos, por ejemplo. No embromemos màs. La falta de pelotas hace que se desvìe la atención del pueblo.
Y la consiguiente mansedumbre urbana continùa intacta. Y las personas del común, prefieren sufrir restricciones en vez de alzar sus gargantas y gritar la veracidad de los hechos.
Ojalà no vayan por las escuelas y el transporte público ya de por sì, vapuleado e irrespetado. Y quieran los dioses que despierten los espíritus adormilados y salgan de las cavernas. Porque hay un universo màs allà del encierro críptico y demonìaco.
Por Mario Delgado.-

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Opinión

Sobre el clientelismo en épocas electorales

Por Belén Vergel, candidata a Concejal por Juntos.

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En épocas electorales los ciudadanos vemos las más variadas formas de prácticas políticas en pos de captación de un voto. En los múltiples discursos se apela a las necesidades concretas de la gente, lo que estamos necesitando es lo primero que prometen y de ahí las diferentes formas de “regalos” para terminar de convencer.

En los últimos días, hemos visto la entrega de bicicletas, heladeras, electrodomésticos, y hasta viajes de estudio, con la justificación de que sería la única forma de que puedan acceder a tenerlos. No tengo ninguna duda que cada persona que recibe estos “beneficios” preferiría poder acceder y adquirirlos directamente, producto de tener un buen ingreso que surja de su trabajo. Y esto, seguramente, se lograría si se pondrían las mismas energías o invertirían lo propio en generar empleo, en aliviar a los comerciantes y a las pymes. La cuenta que sacan es que de esa manera no obtienen los votos necesarios para sostenerse, pero lo que no entienden y las últimas elecciones lo dejaron en claro, es que las viejas prácticas clientelares perdieron efectividad.

Hace algunas semanas, los olavarrienses recibíamos con ansias y felicidad la posibilidad de pagar menos en las facturas de gas, ante la declaración de “zona fría”. ¡Aún aguardamos el impacto de esta ley! Ante tanta necesidad, se crean propuestas y proyectos a futuro donde en realidad no se modifique mucho, porque claramente quien la crea se perjudica. Y caen sólo en anuncios para intentar captar algún voto más, pero que en realidad después queda flotando en el espacio sin sustento, y lo único que logran es la pérdida de credibilidad en la política por parte de la sociedad.

La lista es innumerable: se sigue jugando con las necesidades concretas de los vecinos, creando falsas expectativas e ilusiones y con las mismas prácticas de siempre ¿Quién no recuerda la entrega de zapatillas con la firma de un gobernador? Hoy se puede ver al gobierno nacional y provincial haciendo números de los resultados de las PASO, especulando para donde irán a parar los votos, como si el voto no fuera una verdadera y única expresión de la ciudadanía.

Pero la gente demostró estar cansada de todas estas habladurías y prácticas, cómo también lo estamos quienes creemos en la política como herramienta de transformación. Necesitamos mayor seriedad cuando se realizan propuestas, debemos tener principio y valores. Porque nos hace mal como sociedad, aunque muchos salgan a hablar porque saben que tiene cerca el pasaje de regreso a casa, no habilita a anunciar cualquier cosa.

Las propuestas deben ser estudiadas, planificadas, capaces de cambiar la realidad de la gente, hechas con responsabilidad, porque lo que más necesitamos es recuperar la confianza y juntos proyectar el camino para salir adelante. Tener certidumbre del futuro. Estamos cansados ante tantos anuncios en vano, no necesitamos “platita en el bolsillo” para que cambien los resultados de las elecciones. ¿Cuánto tiempo más la Argentina podrá seguir sosteniendo el clientelismo? Necesitamos dirigentes que no nos prometan, sino que se comprometan. Es el momento de recuperar las esperanzas.

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Opinión

Puede resultar curioso

Me quedè reflexionando bastante ayer, cuando mi amigo Marcelo me comentó sobre su reciente estadìa en la Ciudad Autònoma de Buenos Aires y las incidencias de la pobreza y marginación que se advierten en sus arterias. 

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Gran cantidad de almas desguarnecidas, pidiendo, inclusive discapacitados y con un alto nivel de desamparo. Al amontonamiento habitual capitalino, hay que sumarle la constante de las medidas de fuerza de gremios y organizaciones sociales que perjudican cada jornada, la libre transitabilidad. 

Otro detalle no menor para apreciar con ojos avizores, es el tremendo deterioro producido en la estación Constituciòn, cuyas instalaciones, han caìdo en desgracia. 

Un dantesco panorama comprobable con el inminente acto de recorrer ciertos sitios porteños. No estamos frente a una opinión sesgada, sino màs bien, mis amigos, exhibimos un dato colegiado, el cual subraya la pura verdad. 

No deja de ser una autèntica làstima que tal cosa acaezca hoy en dìa; sin embargo, la circunstancia social es dramática. El detallecito curioso si se quiere, lo coloca empero, la escasa difusión efectuada por los medios a tal situación, donde habrìa que agregar el desconcierto que viene trayendo el aumento del narcotràfico, metido ahora también en áreas del conurbano. 

Las conclusiones que obtengo al oìr estremecido los relatos de mi amigo, varìan pero con una certera premisa: se evidencia una vez màs, la enorme deuda que aùn ostenta el sistema democrático con la población en general, sobre todo claro, con las franjas màs vulnerables. 

Porque aunque no se muestre en pleno, ni se manifiesten referentes al respecto, los pobres mendicantes, están allì, no son obra de la imaginación. Y se multiplican cada hora un poco màs, de modo tal de representan una arista importante, una faceta a observar del cuadro de situación complejo del país. 

Hubo alguien que hoy es Gobernador que prefirió, no hace tantos años, ocultar cifras, sosteniendo el ìtem que dar a luz la pobreza en su cruda dimensión, representarìa una estigmatizaciòn de quienes estuviesen incluidos en tal esfera. 

Y esa argucia sirvió para no dar números al aire. Un encriptamiento inútil y absurdo que facilitò, dicen los que saben, negociar acuerdos internacionales con órganos financieros. 

Mintiendo venimos desde el inicio mismo de la Naciòn, asì que no debiese sorprendernos esa astucia de medio pelo. Lo significativo es, sin perjuicio de otras menudencias, como nos posicionamos ante determinadas noticias y cuàl es el impacto verídico que nos efectúan y còmo  nos interpelan.

No desearìa polemizar, mas tengo la sensación de que no nos inmuta cual grito en la sien, el último relevamiento ofrecido en bandeja por el INDEC. La frialdad de los numeritos se recalienta con la coherencia redundante entre estadística y cotidianeidad. La teoría y la praxis comulgan en un sendero de insostenible indiferencia masiva. 

Entonces consulto: ¿A quièn de ustedes se le moviò un cabello al saber lo dicho por el organismo estadìstico? Y, ¿cuàntos dirigentes se preocuparon y actuaron en consistencia directa con lo expresado en el informe mensual?

Lo certero parece noquearnos con su relevancia presente. Y no reaccionamos igual ante los relatos que se nos aparecen. Lo único plausible se da en el dràstico minuto del ahora: 18.500.000 POBRES Y 4.900.000 INDIGENTES conviven con cada quien de nosotros en este bendito suelo. Casi la mitad del conteo global de compatriotas està por debajo de la línea de posibilidades de intentar al menos, poseer una vida medianamente digna. 

Pero eso no importa, mientras la utilización de la pobreza de rèditos. 

Por Mario Delgado.-     

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