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Opinión

El reality show de Donald Trump

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Luego de que fuera asesinado George Floyd, de 46 años de edad, en Minneapolis, Estados Unidos, el país del norte cobró en convulsión. Alicaído por la enorme ola de desempleo y por los muertos en Nueva York por el Covid 19, la sociedad está sensibilizada al extremo y la muerte del hombre de color, estimuló aún más las apetencias de justicia, de equidad.

Los saqueos producidos durante el fin de semana y los disturbios, llegaron impetuosos a la Quinta Avenida y varias tiendas fueron violentadas por inadaptados. 

En virtud de los hechos y del consecuente desmadre, el presidente yanqui instó a los gobernadores a ponerse los pantalones, o él mismo lo haría, sacando a las fuerzas militares a la calle. 

Luego dio un mensaje, Biblia en mano y caminó hacia el lugar conflictivo. Inusual que un líder transite a pie por aquellos lares, pero Trump lo hizo, desafiando a los “anarquistas profesionales” que, según sus dichos, no tendrán mayor asidero: “Las protestas terminan hoy” (por ayer) y acto seguido dictaminó el toque de queda. 

Separó eso sí las aguas entre los “manifestantes pacíficos” con derecho a peticionar y los otros, desbordados y pretenciosos del desorden. Fue claro y categórico, dejando bien sentada la base republicana que lo llevó al poder. Sus electores aplaudían a rabiar, a pocos meses de la nueva compulsa electiva. 

Sus ademanes y gestos fueron de reality show, extendiendo su voz a todo el mundo, con transmisiones en vivo. Rodeado de seguridad que lo secundaba, su perfil se recortaba única y firme sobre el sitio tan revuelto. A horas nada más de haber tenido que ser llevado con su familia a un búnquer, debido a la proximidad de la protesta que rozó la Casa Blanca. 

La cuestión que el Jefe de la potencia americana envió también un mensaje en clave a sus adversarios chinos. Aunque, curiosamente quizá, se limitó a expresar que lo de Floyd fue “una tragedia”. Nada sobre los policías que tomaron parte en su captura y posterior fallecimiento. De hecho, hay un solo uniformado procesado, acusado de “homicidio involuntario”, o sea “homicidio culposo”, según nuestras leyes sería. Lo cual se traduce como una perversa burla hacia la víctima y su familia. 

¿Trump, entonces no propicia un aval convincente hacia los afroamericanos? Más bien se detiene en el después, en los líos producidos por activistas y en el tumulto de la rabia. 

Una demostración de autoridad por encima de los rictus de los desquiciados que asaltaron a sus propios congéneres. Recordemos que por esa zona, existen múltiples comercios de ciudadanos afroamericanos que han accedido a subsidios estatales para instalarse allí. 

Donal Trump busca revalidar su título en medio de  una desesperada multitud de “parados”, que han perdido su empleo a causa de la parálisis traída de la innoble mano del virus coronado. La crisis económica es fantasmal y todavía no se encuentra la pata de la sota: la vacuna milagrosa que venza al Coronavirus y por qué no, a China. 

Son instantes de tembladeral. Sin embargo, el acting de la víspera despertó demonios dormidos y el controvertido rubio, volvió al centro de la escena. Y no es poca cosa en este parámetro de encrucijadas internacionales y en la puerta de un nuevo orden universal. 

Por Mario Delgado.- 

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