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Opinión

En continuado

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La chatura habitual de Olavarría se profundizó un tanto más debido al malévolo influjo de la pandemia. Ya llevamos medio 2020 en el almanaque y no han existido grandes motivaciones vernáculas que hiciesen ir marcando ciertos rumbos o sacar conclusiones apropiadas. Todo se ha convertido en un apéndice del funcionamiento que regula Nación y en consecuencia, son contadas las facetas a analizar. La expectación a la orden del día y nadie se la juega demasiado. El momento es único y un pasito en falso, no conviene al parecer. 

En tal contexto transcurrió por YouTube, días atrás, la Segunda Sesión de los señores legisladores locales con marcadas saetas de la oposición, esgrimiendo entre otros, un álgido pedido de informes por el ¿abismal? déficit que presenta la Rendición de Cuentas última.

Por otro lado, el acuerdo histórico con los vecinos del barrio Paulownia y aguardar ahora la seguidilla de sesiones que se vendrán de este modo virtual.

Cansino el movimiento de una comarca que se debate entre los acérrimos defensores de la cuarentena in eternum y los que sostienen la necesidad de seguir trabajando, produciendo, viviendo en definitiva. La inyección del miedo cunde aún. La puja entre los que se abrazan a que el Estado los ordene, y quienes comprenden que saben cuidarse solos. Los recaudos han de estar, desde luego en ambas franjas. 

En el medio de la polémica por la escasez de fondos en las arcas comunales, el señor Intendente decide cortar con su tractorcito el pasto bastante crecido de un establecimiento educativo muy conocido. 

Y poco más. Un probable desembarco en breve de Martín Lousteau por aquí, un grupo de peronistas que considera oportuno formar o adherir al albertismo, como para diferenciarse del cristinismo y migajas más. 

Claro que en el medio hay más de 10.000 almas asistidas por su pérdida al menos temporal de la changa, hay personas con enfermedades que no son atendidas por burocracias de derivación o temor, hay alquileres que no se logran abonar y desazón de cientos de microemprendedores. 

Es verdad también que desde el lunes 11 de mayo se advierte otro cantar: la mayoría de los rubros abrió  sus puertas por ímpetu, por requerimiento de las obligaciones por cumplir. Lerdo el engranaje oficial empero, en peticionar liberaciones, si nos basamos en los mínimos casos confirmados de Covid 19 que dicen ha habido aquí. 

Danza el bailarín del miedo al yerro. El fantasma del recital del Indio Solari, baña en sudor a más de uno. Y la ex localidad del Trabajo se balancea entre la mediocridad creciente y la ausencia de propósitos, de metas palpables. 

Las vedadas charlas detrás del incómodo barbijo sólo penden de un hilo común y reiterado: la cuantiosa cantidad de días en sombras y la incertidumbre. Y las siluetas se recortan entre los súper mercados, las farmacias, los cajeros automáticos y los negocios que, más o menos, concitan la atención. 

Lo normal es prohibido o sujetado a medidas extraordinarias. Nadie ríe contento y feliz. Conflictos familiares por doquier, apenas dichos a media voz. Aumento de la ya preexistente maldita violencia contra la mujer. Niños con traumas y sin apetito, aburridos de todo y con la inoculación del terror a salir al aire libre. 

Bombardeos televisivos permanentes y ranquin de países con muertos y contagios del virus coronado. Y la cantinela del “no salgas”. 

No hemos podido ser la excepción a esta nueva grieta que se nos ofrece, ya que de un lado de la vereda se ubican los que reparten bolsas de comida; del otro los que la reciben, a lo mejor por primera vez en sus vidas, con asombro y vergüenza, por qué no. De un sector los que poseen dinero de sobra y la aguantan a esta imposición aislacionista del demonio. Del otro, los sin plata y sin laburo.

La sensibilidad social es el primordial requisito para ser alguien que sirve al prójimo. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

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Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

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“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho