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Opinión

Remar, ¿hasta cuándo?

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Encerrar al país sesenta días ha sido posible por un manejo muy ameno suscripto por el señor presidente, la oposición en general, salvo honrosas excepciones, un grupo de expertos epidemiólogos que nadie votó, los gobernadores e intendentes que se pusieron en idéntico furgón que Casa Rosada y por la actitud silenciosa de la ex líder Cristina Fernández viuda de Kirchner. Aunque lo de ex, está por verse todavía. Para algunos, ella comanda en las sombras. 

El “unicato” irreverente de Balcarce 50, desafió y lo sigue haciendo, los derechos constitucionales de la gente, admitiendo la gran consternación producida por el advenimiento del Covid 19. 

El éxito presuntamente alcanzado con la impuesta cuarentena, fortalece la figura de don Alberto Fernández, pero la pregunta es lógica: ¿Hasta dónde alcanzará el hilo de su carretel, basado sólo en aislar al pueblo argentino y otorgar dinero emitido sin respaldo ninguno? Y con una producción nacional parada desde las raíces hasta las ramas. 

Extender este martirio beneficia dos cosas: la contención de un indómito conurbano, por un lado, y oxigena la cuota de poder albertista. Pero no se avizora un plan ni un equipo compacto respaldando al Jefe de Estado. Su popularidad y excelsa imagen vuelan; mas sin un punto sólido de apoyo. Por ahora, pareciera inexpugnable su armadura, sin embargo ya se presume una caída de su buena racha, luego del cese de este calvario.

Repartir plata al por mayor sin promover la industrialización ni el desarrollo de las pymes, por ejemplo, es una acción demagógica que se inserta en el carril de la supervivencia del mandatario de turno. Quien, dicho sea de paso, se conmueve por las lamentables pérdidas humanas por el Coronavirus, pero hace muy poco, extendía al Congreso un Proyecto pro abortista. 

La sociedad no da más. Las personas de trabajo, quieren trabajar y cobrar como es menester; no las dádivas para calmar ánimos que ofrece el Ejecutivo sin pensar en propiciar insistimos, la producción alicaída. 

Es imposible prohibirnos a todos las mismas cosas. ¿Recién ahora se dan cuenta que el AMBA es el polvorín? Polvorín que creó el mismo peronismo que hoy gobierna por Decreto. 

A nivel local, las astillas arden. El Municipio tiene un déficit abismal, esencialmente por la acumulación de personal, y, sin grandes obras al alcance, las arcas están más vacías que nunca. La gran parte de lo que ingresa, va a gastos corrientes, sobre todo sueldos de los más de 2.500 empleados de la Comuna. 

En tal contexto, la pandemia nos asola también con temeridad. Pareciera que el miedo cunde y la ciudad está desolada hasta las 16 y luego es una comarca fantasma. 

Más de 10.000 nuevos pobres son asistidos al día de hoy por la Municipalidad u entidades y particulares que brindan su auxilio en medio del dolor de quedarse sin empleo o sin la salvadora changa. 

Los comerciantes sufren y hay quienes ya optaron por vaciar sus locales e irse. ¿Quién soporta pagar alquileres, gastos fijos y sueldos de empleados sin laburar? Una auténtica locura sin atenuantes. Ni cortar el pasto se puede. Olavarría no es el malogrado conurbano y se nos dejó huérfanos. Es evidente. 

La presente crisis tapa agujeros y nos mantiene a todos moderados, pero ya salieron a la calle los dirigentes del Polo Obrero y trabajadores ceramistas. La sociedad en su conjunto no aguanta más, pero es mansa. Muy.

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

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Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

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“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho