Opinión
Irreemplazable
Estaba perdido, humanamente perdido, dando vueltas por la casa, recreando en mi cabeza la mañana en que te vi, tratando de recordar cada instante, para traer a la memoria el más mínimo detalle, para saber por donde empezar a buscarte, sintiéndo ese calor del último beso aquel, que me quemó los labios por última vez. Y […]
Estaba perdido, humanamente perdido, dando vueltas por la casa, recreando en mi cabeza la mañana en que te vi, tratando de recordar cada instante, para traer a la memoria el más mínimo detalle, para saber por donde empezar a buscarte, sintiéndo ese calor del último beso aquel, que me quemó los labios por última vez.
Y me sentí culpable, de haberte dejado así sin más, olvidada en alguna parte, entre tanto desorden, con tanta desidia de mi parte, como si fueras a estar siempre disponible, como si tu cuerpo delgado pudiera estar siempre visible para mi.
Asi, tuve que perder el orgullo y arrodillarme, en silencio, sin llamarte, para poder mirar en esos lugares donde muy pocas veces suelo ir y estirar las manos y buscarte a ciegas hasta tocarte.
Estabas tirada debajo de la mesa.
Ahora volvimos a ser tres.
Yo, el mate y vos, mi bombilla irreemplazable.




