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Opinión

Gestos

Gestos. Necesitamos gestos en una sociedad en general egoísta e individualista, del “yo me salvo primero”.

Publicado hace

Gestos que nos devuelvan la calma y nos anticipen un mundo mejor para luego de salir de este pandemónium del virus coronado y sus consecuencias fatales. 

Ahora tenemos auténtica necesidad de colaboradores, de hacedores de buena voluntad que pongan lo mejor de sí al servicio del otro. Sin medir riesgos. Poniendo al Ser por sobre la Economía. Entonces los efectores de la salud, los policías, las autoridades, los vecinos responsables, aúnan criterios para pasar esta cuarentena sin sobresaltos. Con todo lo que ello implica, desde luego, mis amigos. 

Precisamos ejemplos. Como los de varios señores empresarios locales, que donan dinero para comprar respiradores, y algún otro elemento sanitario que sea urgente poseer. 

Sí, desprendimientos verificables que nos expresen que hay un camino próximo más promisorio que el vaivén de la vorágine previa al Covid – 19. 

Porque, en definitiva, anhelamos algo más sustentable, humano y por qué no, también más espiritual para el futuro, descontando claro que tendremos futuro. Alguna fórmula que por fin, nos eleve de esta condición solamente materialista que nos ha barnizado por décadas. Donde el dinero prima.

Otras generaciones, otras humanidades anteriores, cedieron a diferentes presiones y cayeron al abismo. Nosotros aún contamos con un tiempo exponencial. O sea, podríamos esbozar que todavía se nos da una oportunidad más. Debiéramos asirnos a ella. 

Hoy nos quedamos en casa. Cosa impensada hace un mes atrás. Lo vamos logrando con sumo esfuerzo, tal vez, pero tomando conciencia de la importancia del momento. Son gestos. Salvo las excepciones de los idiotas de utilería.

Mirarnos en ciertos espejos, estimula. Cercanos y lejanos. Admirar al médico o al enfermero. O al uniformado que pide detalles del transeúnte. Ver en esos gestos la génesis de un porvenir de unión, más allá de diferencias sociales o económicas. Que la tragedia nos reúna en un solo espíritu. Mas deseando que tal actitud continúe después del repliegue a las trincheras hogareñas. 

Para concluir, quisiera enmarcar el noble accionar de un sacerdote católico de Casigno, Bérgamo, Italia: el padre Guiseppe Berardelli, de 72 años de edad, que habiendo contraído el Coronavirus, cedió el único respirador de su pueblo, comprado por los habitantes para él, a un joven que ni siquiera conocía. El 24, el religioso murió. 

Por Mario Delgado.- 

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