Connect with us

Opinión

Ver el dolor del otro

Published

on

El punto en cuestión termina resultando esencial, sin otra particularidad secundaria que la intercepte, que le ocasione sombra alguna. Y la frase proviene, mis amigos, de un señor funcionario municipal actual que, en una reciente charla mano a mano, y además muy didáctica, me planteó el axioma tan elogioso y elocuente: “Hay que ver el dolor del otro”. 

La conversación iba por el carril de los deberes y derechos de quienes ostentan el mando. Y es un baluarte de la comprensión, de la sensibilidad social, el hecho medular de recorrer barrios y localidades y hablar con la gente. Y oír al prójimo. 

No tan solo llevar promesas o grandes anuncios de logros a cristalizar. A veces el hombre común tan solo se contenta con tener muy cerca a quien es su líder político local y al equipo de gobierno. 

Quizá para determinadas personas, vinculadas al mundillo de la política en sí, o del sindicalismo, o del mismo periodismo, no pareciese tan urticante, tan extraordinario tal contacto, puesto que por sus tareas, lo establece a menudo. 

Sin embargo, quienes están en el llano, se estremecen cuando les toca vivir este tipo de experiencias. Recuerdo en 2016 el caso puntual de un señor mayor en Santa Luisa, muy emocionado él, refiriéndome lo que significaba en su corazón que haya ido el Intendente a visitarlo por allí, en su reducto, en su hábitat. 

Lógicamente que esta misión de caminar la calle popular, requiere también de un alto sentido de percepción. Es menester palpar la angustia, la desazón y el dolor del otro, como mencionó en su charla el señor que yo cité más arriba. 

No es sencillo aunque parezca una unidad fácil de asir. La foto del dirigente tiene que lograrse con naturalidad. Y el pobre o dolido sabe si el momento es auténtico o ensayado para la cámara. 

Pisar y permanecer en la humildad y/o pobreza de una vivienda puede producir dos cauces: el escozor punzante de la incomodidad indisimulable o mantener una actitud más conciliadora, rayana en sentirse reconfortado el individuo o grupo asistente. Pero hay gestos y acciones que delatan la falta de costumbre o no a esos ámbitos de quien ingresa con una sonrisa empaquetada. 

El asunto es claro: quien no comió jamás, por ejemplo, pan duro, no sabe lo que tal cosa significa. El mate servido como gesto natural de amistad, puede traer alguna miguita e igual habrá que sorberlo. Y no discriminar el olor a rancho. El característico aroma a pobre. 

La vida es un compendio de enseñanzas variadas. Ayer estuvieron las hermosas y útiles enciclopedias; hoy vino Google para facilitar la demanda de tiempo. Mas el efecto es idéntico: siempre se aprende algo nuevo con la cabeza dispuesta y sin una pizca de soberbia. 

Y quien esté interesado en asimilar lecciones, las tendrá al alcance, aún en las casitas más pobretonas, con habitantes desprovistos de todo o de casi todo lujo material.

Pero la puerta abierta es un símbolo para leer y ser rápidos de reflejos. Hay que saber de qué hablar, hay que manejar códigos especiales y cada minuto hay que mostrarse provisto de una tranquilidad equilibrada. 

Ver el dolor del prójimo. No subestimarlo nunca. Ni por su vestimenta o vocabulario acotado. No usarlo momentáneamente y luego descartarlo como nada. Observar en planos iguales al norte y al sur de la ciudad. Sin poner sobre la mesa un mapa para captar dónde se suponen más votos que en otros ámbitos. Sin preferencias prefabricadas.  

No es, convengamos, un esfuerzo titánico el que se pide. Sino más bien una comprensión permanente de situaciones, de realidades vecinales. Y, eso sí, que tales visitas se hagan periódicas. Más allá del tinte electoral de cada veinticuatro meses. 

“Ver el dolor del otro”. Sublime materia que no todos aprueban. 

Por Mario Delgado.- 

Advertisement

Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

Published

on

Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

Continue Reading

Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

Published

on

“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

Continue Reading
 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho