Ciertas impotencias

Hay hechos funestos que superan cualquier febril  imaginación y devastan el espíritu de la gente de bien. Y el reciente robo a una forrajería de Fassina y Avenida Pringles, se inscribe dentro de esta fórmula. 

Fue en realidad, el segundo drama vivido por los propietarios de dicho negocio en solo cuatro meses. Una gran pena y gran pérdida económica además, en estos tiempos complejos. 

La investigación explica que cuatro sujetos menores de edad, rompieron el vidrio de la puerta de entrada al local y uno ingresó para, desde adentro, ir alcanzando a sus cómplices las cosas, entre ellas gran cantidad de bolsas de alimentos para mascotas. 

Actuaron con total impunidad, al amparo de la madrugada y asistidos también por la increíble legislación argentina que facilita toda una cadena delincuencial en base a la utilización de menores y una larga cadena de irregularidades leguleyas. 

Pero veamos, mis lectores: al poco tiempo, a escasos días del suceso, un presunto autor material del caso, captado por una cámara de seguridad, cae en manos de los servidores del orden. Pero, hete aquí, que este pichón de hampón se escuda en sus derechos constitucionales y en su calidad de menor de 18 años, de modo tal que fue liberado como si nada hubiese ocurrido. 

El pibe no delató a sus compinches. Sin embargo, los uniformados poseen datos precisos de quienes serían esos individuos y otro detalle aún más tétrico: conocen los policías acerca de una auténtica nefasta red de reclutamiento de chicos para delinquir, a cambio de un pago atractivo para ellos: droga. 

La cabeza del áspid sería al parecer, una dama con prontuario y actualmente con libertad condicional. Aunque tales conocimientos requieren de la profundidad del acompañamiento de la señora Justicia que, por ahora, se limita a observar casi con enervante indiferencia. 

Poner otra vez, una vez más, el filo de la espada en las leyes y en los conductos de corrupción y connivencias que, presuntamente existen, puede interpretarse como tedioso, por lo reiterativo digo. 

Mas los mancillados derechos humanos siguen, en estas lides, contemplando a los malos, a las lacras perversas y no a las víctimas. Baste ver el rostro de la dueña del comercio atacado para comprender, sin más artilugios, que algo no circula para nada en su correcto eje. 

Continuamos en este país con diversas teorías, minimizando causas y consecuencias y tirando para adelante o para otros, las responsabilidades del presente. Con estas leyes proclives a satisfacer necesidades de ladrones y de ciertos abogados, poco se adelantará.

Como, desde hace años, ponemos la basura en la mesa. 

Por Mario Delgado.-  

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