Quinta visita presidencial: entre el “Sí, se puede” y la frialdad de las encuestas

Fuerte la custodia uniformada. Bien demarcado el camino a recorrer por los peatones asistentes. Y con partidarios foráneos que se arrimaron lo más posible al escenario. Con locutores que, de tanto en tanto, arengaban a la multitud a vivir por Mauricio. Sin atisbos de su llegada, aún. 

Es que su arribo se retrasó un poco. Bueno, un poco bastante. Mientras las delegaciones de diversas ciudades, trataban de hacer oír sus cánticos, en la medida que el sonido central se lo permitiese. 

La gente exhibía banderas argentinas y carteles. Y sueños de triunfo: “No nos podemos dejar llevar por delante”, mascullaba un señor de remera verde, conversando con una ocasional compañera de tribuna. Más allá una joven apelaba a la memoria: “No nos podemos olvidar así nomás de los años anteriores”. 

Para aplacar ánimos apareció el señor Hernán Lombardi que alentó a continuar con palabras dulces por la senda del macrismo. Y otra vez luego la espera. Se iban sumando almas y canciones alusivas. 

Hasta que por fin se lo vio a Macri, con Ezequiel Galli, con Gabriela Michetti, con María Vidal. Se referenciaron entonces todos con la emoción de un sector del pueblo argentino que confiesa, pese a los resultados de las PASO y a las percepciones actuales, su adhesión incondicional al ingeniero y sus cuadros. 

Los mensajes fueron directos, sin rebuscada retórica, apelando a la conciencia del ciudadano presente allí, en pleno centro olavarriense, y al resto también. Esgrimiendo obras hechas y lucha contra el narcotráfico en la provincia y en el país. Reconociendo a su vez, el clamor ronco del enojado o desconforme, pero manteniendo la línea de que “este es el rumbo”.

Las frases se cortaron varias veces con aplausos y coros efusivos. Vidal y Macri demostraron unidad de criterio y comodidad en sus roles, intentando, uno puede suponer, no mirar hacia el abismo que, para el oficialismo nacional y provincial justamente, plantean las mediciones. 

Con “los valores” como eje temático se han logrado cosas, sugirieron ambos líderes. Aunque nada citaron de la terrible inflación y sus coletazos insanos. O de la pérdida casi ya sistemática de poder adquisitivo de la población. Ni de la caída ostensible del empleo. 

Sí se proyectaron imágenes hacia el porvenir. Admitiendo la necesidad de un próximo período o mandato de cuatro años. Para alcanzar objetivos y para consolidar el destino, observando a las generaciones de hoy y a las que vendrán. 

Optimismo discursivo en medio de las olas, sin anuncios grandilocuentes. Aduciendo que se comprendió el mensaje del domingo 11 de agosto y que ya se están concretando cambios sustanciales y ayudas a determinados sectores. 

Quedó en claro que don Mauricio es el presidente con más visitas a esta cementera ciudad. Por otro lado digamos que el transcurrir de los días se ha llevado puesto este ciclo, donde las expectativas, una vez en la Argentina, no se han cumplido en general. Aunque de seguro, para muchos es importante que sus mandantes pongan el pecho a las circunstancias adversas y den la cara, sin filtros. 

En un contexto de campaña política eminentemente localista, el Intendente Ezequiel Galli se mostró junto a sus referentes máximos. Habrá que ver si esa prueba de fuego, a dos semanas del 27, lo termina favoreciendo o no en sus postulados reeleccionistas. 

Por Mario Delgado.- 

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