La cuota de sensatez

Faltó, desde el Gobierno Nacional, una buena comunicación. No supo Casa Rosada transmitir, en tiempo real, la herencia recibida tras doce años de kirchnerismo – cristinismo, ni tampoco luego interpretó las necesidades del pueblo de conocer y adaptarse al novel período que proponía Cambiemos. 

No hubo en consecuencia, un diálogo abierto con la gente, una fluidez que plantease qué país ansiaba Balcarce 50. Y, encima, los inoperantes que coparon la banca, aduciendo que no era imprescindible contar lo que sucedía en las esferas del Poder Ejecutivo. 

A esa condición de cierta lejanía mediática, se le anexó otra cosita más: la idea proverbial de que, mediante las redes sociales, se superaría aquella anterior ausencia y se compensaría. 

No ha dado óptimos resultados tal aseveración conformista. Como así tampoco las pobres especulaciones económicas presentadas por los gurúes del gradualismo inexpresivo. 

O sea, resumiendo, no fue del agrado del ciudadano de a pie, sobre todo, lo actuado o no actuado en definitiva por quienes deciden el futuro de la patria con sus gestos y acciones determinantes. 

Y el desastre o descalabro se empezó a advertir, atrayendo la atención hacia el proceso iniciado por Mauricio Macri en 2015. Las expectativas y esperanzas del común de la gente, se han ido esfumando por falta de sensibilidad social del mandante que, pese a continuar y ampliar la política asistencialista previa de los planes sociales, no contempló otros aspectos salientes, léase apoyo a las pymes, reducción impositiva y demás medidas de índole paliativo para descomprimir la gravedad del momento. 

Se chocó bruscamente entre el ala política de Monzó y Frigerio, por citar dos nombres, contra el ángulo más frío de Durán Barba y Peña. La síntesis de esa colisión ha terminado siendo funesta: Macri pierde imagen positiva y cae en las mediciones más creíbles, de cara al 27 de octubre. Y se rumorea en tal sentido que sólo un milagro lo podría situar en el podio de un virtual balotage. Medio que su suerte pareciese echada ya. 

Hubo en el medio del proceso oficial charlas ásperas, de seguro. Hubo no obstante, quienes le sugirieron al señor Presidente una variación sustantiva en su timón. Pero los oídos no receptaron tales sugerencias. Y hoy, la situación es acuciante con pérdidas de empleo, desvalorización del peso argentino y descrédito de la gestión. Todo enmarcado por la galopante inflación y el monstruo temible de la impagable deuda contraída.  

Ante una pérdida notable de la cultura del trabajo,  nada se concretó para mutar los vicios de esa actitud. Y así sucesivamente. El remedio aplicado no calmó el dolor ni curó la enfermedad. Entonces lo positivo de la administración del ingeniero, sucumbe ante el golpe seco de las billeteras vacías. 

La conclusión asoma presta: no interesan los casos de desfalco y corrupción de otrora. El bolsillo sin plata  vale y valdrá más al minuto de votar. Eso se estima, al menos, si tomamos en cuenta lo expresado por las PASO del último 11 de agosto. 

Por Mario Delgado.- 

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