Así, ¿vuelca el país?

Ciertos analistas políticos y económicos, han salido a decir prestos y concretos, que el país así como está, si continúa sin virar, vuelca inexorablemente. De modo tal que aconsejan tomar el toro por las astas y confluir en un gran acontecimiento: que el próximo presidente de la nación, diga antes de cumplir sus primeros cien días de mandato, qué quiere hacer e instrumentar esas medidas sin dilaciones. 

Todos sabemos de sobra ya que, después de ese lapso perentorio, aparecen las voces opositoras, las grietas en las paredes y el poder se diluye lentamente. No tendría entonces que ser lerdo el venidero líder, sea Alberto o sea Mauricio. 

Una de las carpetas a exponer ante la sociedad debiera ser, con seguridad, la de generación de empleo genuino. Cómo articular con el sector privado para ir dando trabajo, en condiciones dignas, favoreciendo a su vez de alguna forma, al empleador y cortando así con la bastardeada idea de poner en órbita nuevos planes sociales sin contraprestación. 

Porque es de entender el hartazgo que existe en los ocho millones de argentinos que “bancan” a otros veinte millones que viven, o sobreviven, con planes mensuales, asistidos por el Estado. O sea, por ese otro porcentaje de compatriotas que aporta con regularidad. 

Círculo vicioso improductivo que preocupa. En un contexto de pobreza, se sale del pozo con trabajo. Es menester también, en este razonamiento, que se achique el poder político y se ciña el cinto, como el resto. Una casta, en muchos casos. 

¿Y qué se hace sin plata? Es una consulta del millón. El kirchnerismo – cristinismo tomó el dinero de las AFJP, estatizándolas. Luego fueron por las reservas del Banco Central, todo en un marco de soja bien alta y viento a favor. 

Hoy no se enciende el fuego con los mismos leños. El telón de fondo es diferente. Se requiere ahora un gran Pacto, un Acuerdo Nacional auténtico entre diversos sectores de la producción, de la política, de la justicia, de las iglesias y todos quienes anhelen sumarse. Con puntos de unión, más allá de las divergencias y contradicciones propias del ser humano. 

Soluciones mágicas o individuales, no habrá, está claro. Ingenuos no hemos de ser. La película se reitera. En eterno. El momento, sin embargo, es crucial, caótico si prefieren. Mas también es un minuto fundacional. Para desprendidos y patriotas de verdad. 

Por Mario Delgado.- 

Comments are closed.