Sobre el caso Cordero: Respirar hondo

Estamos a apenas horas de que la autopsia revele, inexorable, lo que por ahora, es sólo una presunción.

Quedará respirar hondo y conocer lo trágico, lo terrible de un suceso ya de por sí, diabólico al sumo. 

¿Qué clase de chacal es capaz de hacer lo que cometió con la persona que fue hallada allende el Gauchito Gil? ¿Qué odio, qué frustración pegada en el espíritu, puede incitar tan grande demencia? ¿Acaso este sujeto apresado y ya contenido por las rejas, el “Chaco” Ibarra, es el autor del crimen y ultraje? ¿Pero, y él nada más o habrá más canallas en danza?

Y a su vez el sesgo de inquietud que aún permanece de duda. Con una familia en vilo y desesperada, lógicamente. Porque siempre está la esperanza de que no sea él. Que no sea Carlos Roberto Cordero el mutilado y quemado tan despiadadamente. 

Aunque, ¿si no es él, entonces, quién sería este cadáver? Estaríamos comprando otro grave drama, en un año electoral para colmo, a 35 días de las PASO. Dato no menor. Con un despliegue uniformado de películas de acción. 

De todas formas, lectores míos, las consideraciones habrá que cristalizarlas, una vez que se llegue al puerto de la verdad. Porque, convengamos, que buscar 10 días a alguien en esta preciada ciudad, es un tiempo prolongado. Demasiado, insisto, en un período donde las cosas debieran resolverse más aprisa. 

Yendo al caso en sí, de don Cordero se dijo bastante por lo bajo. Vecinos, familiares, gente en general de distintos sectores. Hubo almas “del ambiente” que aportaron ideas. Que sacaron a relucir el nombre del hoy “guardado”. Que mencionaron una pollera en el medio, muy joven dicho sea de paso. O deudas. O palabras al viento que se dicen cuando alguien deja de ser visto por donde frecuentaba. 

Cordero es retirado de las Fuerzas Armadas. Y hace trabajos de gasista, por ejemplo. Separado, rehízo su vida sentimental hace 13 años. Hijos en Mar del Plata que vinieron raudos y un mar de incertidumbre que bañó las arterias olavarrienses. 

Hubo marchas, volantes extendidos al pueblo y temores constantes. Un auto quemado. Un celular que nunca apareció y un hombre que se verá en breve sí es o no es el buscado. Tremendo por dónde se lo mire el asunto. Sin esbozos de humanismo. Una tragedia que envuelve y enluta. Y explicaciones que se deberán extender como garantía precisa hacia quienes merecen una explicación. 

Golpe siniestro en una Olavarría que convive a diario con hampones capaces de tanta saña. 

Por Mario Delgado.- 

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