Un voto, divino tesoro

El asesor presidencial Jaime Durán Barba, expresó en una reciente entrevista al prestigioso diario brasileño “O Globo”, algo por demás significativo: “Cristina asusta; Macri decepcionó”.

Y acto seguido confluyó en la idea presuntuosa de que: “En las venideras elecciones, la decepción le va a ganar al miedo”, en abierta alusión a que el ingeniero le puede torcer el brazo a los oficiosos deseos del cristiinismo de hoy.
En este contexto tan convulsionado, es evidente que nadie se hace cargo, ni el propio Durán Barba, del evidente fracaso del propuesto por él y otros “popes”, como Marcos Peña, Prat Gay y Compañía, del denominado “gradualismo”.

La imposibilidad manifiesta del poder de turno de frenar la inflación, terminar con la pobreza estructural y generar expectativas reales de mejorar el rumbo del país, van trayendo consecuencias, auténticas secuelas que se manifiestan cual daños colaterales, del mal manejo del barco.
En tal situación, mis amigos, llueven las encuestas de todo tenor, en torno al futuro inmediato de “Cambiemos” y lo que podría llegar a ofrecer agosto, octubre y, eventualmente, noviembre en el tema electivo.

Para algún encuestador, el ex Jefe de Gobierno porteño, arribaría a un triunfo en segunda vuelta por escasos y valiosos a la vez, dos puntitos, (44 % sobre 42 % de la fórmula Fernández – Fernández).
Claro que para otro, la verdad sería diferente, dándole el visto bueno al cristinismo. E incluso se barajan ciertas variantes de fórmulas. Porque aún no se sabe bien cómo se cerrarán las listas.
Sin perjuicio de intentos presumibles, está claro que la tendencia polarizadora pervive, pese al derrumbe comprobable del macrismo acérrimo. Y es una excelente carta que se mantendrá en vigencia hasta lo último, sin dudas, porque resuena en tal posibilidad, que el oficialismo finalmente gane. El razonamiento de no regresar al desastre kirchnerista, con su matriz de corrupción, superaría al mal trago económico y social actual.

Tal especulación es interesante y medio atractiva, pero genera peligro si no se la sustenta, además, con una pizca de condimento esperanzador. O sea, se necesitaría una inyección de optimismo, de un mensaje convincente del presidente, reconociendo yerros, mas instando a acompañar un novel período con otras bases más sustentables.

No son pocos los allegados que le aconsejan al líder del PRO en tal sentido. Que hable y exponga un discurso aleccionador y presente un programa para los venideros tiempos. Desde la matriz de la sinceridad más pura.

Explican que la gente lo recibiría complacida al argumento, porque requiere el argentino moderno de políticos que se animen a revisar sus errores y a obrar en consecuencia. El drama, empero, que se ata a esta hipótesis de “reenamoramiento” con la ciudadanía desencantada, se interpreta en la posibilidad, también factible, de que en rigor de verdad, no despierte confianza, por la ausencia de credibilidad del Gobierno Nacional. O, dicho de otro modo, nos encontraríamos con un efecto contraproducente.

Allí se daría el lloro y crujir de dientes de Casa Rosada. Que, inexorablemente, debería transitar entonces por un “Plan V”. Lo que se traduce como subir a la Gobernadora Vidal al podio de la precandidatura presidencial, despojando al mandatario actual de toda potestad.

A su vez, el kirchnerismo quiere plantarse como dialoguista, a través de Alberto Fernández. La cuestión es simple: Cristina comprende que para llegar a la meta, debe ir ya por el votante no kirchnerista. Y ella posee un núcleo duro, un 25 o 30 % o más, si quieren ustedes. Pero es consciente de que precisa un poco más todavía. Y ahí entra a la cancha su compañero de lista.
Entre la pregunta de si Macri podrá revertir su triste realidad y si el cristinismo logrará crecer lo suficiente, se navegará por estos días. Por supuesto, nada está sellado y todo puede acaecer, hasta las uniones más increíbles o alocadas.

Por Mario Delgado.-

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