¿Confundidos o no?

Tablero extraño el actual. Difícil de visualizar con rasgos de comprensión si no se está más o menos al tanto de la idiosincrasia política argentina. Por Mario Delgado.

Las lealtades se proclaman pero no se practican. Fotocopiada temática es la unidad, que se solicita desde las tribunas, pero no se advierte concreta, sincera en la praxis diaria. 

Da la impresión que las agujas del reloj se ajustan de acuerdo a instancias. A coyunturas. A conveniencias del momento. De modo tal, mis amigos, que no existe, salvo excepciones, un códice, una guía permanente y duradera de adhesiones, de reales y estables pertenencias a un redil. 

Las mutaciones son tan graciosas a veces. Porque concluimos que nada es parte de verdades absolutas: todo puede virar según las corrientes de agua corran. 

De tal situación se desprende, entonces, que cualquier alianza puede darse. Ya que líderes de una fuerza, se cambian de equipo si las ondas de las encuestas, sugieren la exponencial subida en las mediciones de tal o cual referente. 

En este contexto tal volátil y con una economía paupérrima, todas las manos se extienden en busca del abrazo tibio del elector. Algunos lo lograrán más rápido y a otros les insumirá más tiempo conquistar la tierra prometida. Y, por supuesto, estarán a su vez aquellos que no seducirán y tendrán que llorar en silencio. 

El oficialismo nacional se veía caer. Propició un acuerdo, con diez puntos a constatar y llamó al diálogo. De pronto, como con un certero golpe, la imagen del señor presidente, trepó unos puntitos y se diluyó la tensión con los mercados. Por unos días al menos, claro, nada es definitivo en este país nuestro.

Pero volvió la idea fuerza de una gran paridad entre Mauricio Macri y Cristina Fernández que, dicho sea de paso, este jueves, presentó su libro en la Rural porteña con un aroma a campaña que ni les cuento. 

Ahora se piensa otra vez en una segunda vuelta electoral. Un contrapunto muy aguerrido entre el ingeniero y la dama. Con todo lo que eso implicaría para la población argentina, la cual debería elegir entre dos polos, sí o sí. 

La tercera vara se mantiene enhiesta. Pero no se nota una devoción popular por instalar una opción distinta a la expuesta. O sea, quienes añoran tomar el número vacante, no comulgan una abierta simpatía en la gente. 

Roberto Lavagna o Sergio Massa. O algún otro dirigente. Esas son las ofertas mostradas en las góndolas políticas actuales. Sin entusiasmo, sin captar aplausos, se preocupan los referentes por lograr el índice necesario, por dar con la fórmula del éxito. 

Conscientes de su rol preponderante, en un escenario virtual de ballotage. Pero el peronismo discute y se enrosca en dilemas sustanciales: o apoyar a Cristina en su totalidad o crear con devoción un liderazgo por fuera de ella, que reúna a los peronistas no cristinistas y al resto del redil, en un lapso prudencial de tiempo. 

La trampa es tentadora, sobre todo si se comprende que el peronismo es un sector que debe estar incluido en los planes de cualquiera, sea o no de esa extracción. 

Tal despliegue se traslada a los planos distritales. Y Olavarría se inscribe dentro de esas vertientes. Si bien es menester subrayar que no se puede afirmar nada todavía, a ciencia cierta, mas se presienten los juegos pendulares que magistralmente conciben aquellos que intentan adaptarse al quid de la cuestión. 

Liliana fiel a Massa desde antes de nacer el massismo, se refugia ahora en la torre lavagnista. Torre que, al mismo instante, quiere ocupar don José María, hombre que dicen los que saben, no se habla más con su ex amigo Sergio. 

La pregunta es, mis lectores, concisa, incisiva: ¿Se ha roto el cristal o es todo un combo de especulaciones y ponemos los huevos lejos del nido? 

El Frente Renovador, como el justicialismo, posee varios nombres de precandidatos. Apellidos hay, para una lista que puede contener números fijos. La ebullición de la olla se hace notable, yéndose incluso Marcelo Latorre de su bloque con Emilio Vitale y cortándose solo con la COPEBO. 

Es verdad que esa unión era sólo teórica desde hacía rato. Sin embargo se produjo, abriendo más que nada, nóveles incógnitas sobre el futuro político de cada quien. 

En tal pantalla, don Eduardo Rodríguez, capta impresiones. Tranquilo, recorre barrios, y localidades, charla con los olavarrienses y se planta como un massista que está dispuesto a seguir órdenes orgánicas, pero con ciertos límites. Figura de fuste, promueve actividades con su espacio y oye el ruido de las campanas en derredor. 

Por Mario Delgado.-  

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