Tiempo de sueños


Hasta los más acérrimos defensores del Gobierno actual, han de reconocer en un mano a mano, que la situación económica es un auténtico dilema sin resolución práctica. Y que perjudica la vida y los bolsillos de millones de argentinos. 

Hemos de sostener que, al menos hasta hoy, no aparece en el horizonte una luz que distinga una variación de rumbo. Porque el ingeniero presidente, don Mauricio Macri, no muestra un programa nuevo, una visión de cara a un inminente futuro. Y en un contexto donde él anhela ser reelecto. 

Sería prudente una agenda que subrayase un camino un tanto más auspicioso para la gente de los comercios, de las pymes y del laburo en general. 

Sin embargo lo único que se nota es una profundización del drama. Ahora las cifras se conocen sin tapujos. Eso es positivo por un lado, puesto que antes ocultaban los números o los tergiversaban. Mas es muy triste lo que acontece y subyacen temores de toda índole. 

Todo este telón gris oscuro de fondo, no beneficia para nada a los efectores del oficialismo. De hecho se especula bastante con varias cositas: una eventual no presentación de Macri y su reemplazo por otra persona, léase María Vidal. Claro que tal variante sustancial dejaría desguarnecida a la Provincia de Buenos Aires y a merced del apetito voraz de la oposición. 

Otra fisura la sostiene un sector del radicalismo, aliado al redil gobernante, el cual está dispuesto a encender la mecha de una compulsa intestina. No comparten ciertos dislates del boquense y se preparan para una supuesta interna con algún referente propio. 

La otra alternativa es aún más tétrica, ya que se sospecha que, por ahí, un grupo de radicales se harten del ninguneo constante y se larguen raudos hacia otros senderos. 

¿Y por casa, cómo andamos? Es evidente que la panorámica de estos días acalorados y nerviosos, no resulta la adecuada para el joven Intendente local. No es igual la ecuación de cuatro cuadras de autos vivando a un candidato a presidir el país, como acaeció en 2015, que venir fuertemente custodiado, ya como primer mandatario, y no dar mayores muestras de afecto. 

Los sondeos de opinión y las elucubraciones populares intuyen un campo vernáculo, para basar la campaña, esencialmente en lo efectivizado en la ciudad. Y ahí aparecen como por arte de magia, las obras en algunos de los barrios distantes del centro. Discusión arcaica y nunca axiomatizada esta, por cierto. O sea, hemos de preguntarnos, una vez más si en rigor de verdad, las obras se traducen siempre en votos. (En 2015 José Eseverri hizo muchas obras e igualmente perdió). 

La esperanza del oficialismo hoy sostiene el argumento tenaz de que tales acciones serán sinónimos de votos al Jefe Comunal, rubricando un nuevo período al frente del Palacio San Martín. Aunque, ¿alcanza sólo con eso?

Por Mario Delgado.-  

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