Reclamo vecinal por seguridad en Sierra Chica

En la noche de este miércoles, en la sede del Centro de Jubilados de Sierra Chica, se realizó una reunión por la inseguridad.


Bien pilotada por el Subsecretario de Seguridad, Daniel Borra y el Jede de la Distrital, Comisario Inspector Carlos Roldán, se logró cristalizar en la noche de este miércoles 13 de marzo, en la sede del Centro de Jubilados de Sierra Chica, una interesante reunión por el urgente ítem de la inseguridad imperante al decir de los habitantes de la zona, en la localidad picapedrera. 

Asistieron además otros altos jefes policiales, como así también el Delegado de la comarca, los referentes de Control urbano y Monitoreo, y también el concejal del Frente Renovador, Marcelo Latorre.

En un clima de absoluto respeto, pese a las infidencias que se fueron dando a conocer, los referentes uniformados y de la Comuna lograron exponer los lineamientos que ya se vienen dando para contrarrestar las ínfulas delincuenciales tan asoladoras de la paz pueblerina. 

“Circulan actualmente dos motos del GAD y en breve, tendremos nuevo personal de refuerzo”, expresó Roldán para intentar desde el vamos, arriar los potros de la incertidumbre y la zozobra. “Las dos motos y un móvil, van a quedar efectivamente acá”, anunció firme el servidor del orden, trastocando cualquier duda. 

El momento se hizo propicio para que los concurrentes hicieran oír su voz, cargada de reclamos y de anécdotas: “A mí me robaron hace poco y se demoró el móvil. Mi llamado no fue pasado en tiempo y forma”, graficó alguien. “Me sustrajeron tres cajas de cerámicos. Di datos y luego me rompieron los vidrios del coche”, refirió otro vecino que estaba parado, quien añadió algo tragicómico: “Cuando llamé, el policía me dijo que el móvil tenía una cubierta pinchada. “Te ayudo”, le dije. “No, me contestó, porque no tengo rueda de auxilio”.

“Andan galgueros”, enfatizó otra persona. “Los policías de aquí, son gente conocida y algunos vecinos  no quisiéramos exponerlos ante la situación tan delicada que vivimos”, sopesó una señora. No obstante Roldán no hizo a lugar y le confirmó que: “Los uniformados tienen que cumplir su deber, sí o sí. Yo los llamé hace varios días a “asamblea” y les expuse las cosas tal cual son. Si alguno no quiere trabajar o estar acá, que se vaya ya”, sentenció el Distrital. 

Pero alguien prendió una mecha sugerente en el aire fresco del salón: “Hay policías que están comprando ropa en vez de patrullar”. Murmuraciones de todo color. Otro pedido pasó por “parar a las motos y pedirles los papeles”.

El Subsecretario Borra mencionó también el tópico de las cámaras de seguridad y su posible implementación, marcando la cuestión inherente a los costos y los mecanismos necesarios para su instalación en el seno mismo de la localidad sierrachiquense. 

En tono alto otra dama sugirió “mayor iluminación” y describió calles y pedidos a Coopelectric infructuosos aún. El ex presidente fomentista, Daniel Rodríguez, apuntó variadas marchas y petitorios presentados “desde el 2003 a la fecha” y les mostró una serie de carpetas a los funcionarios, reafirmando la teoría de la “necesidad de una Sub Comisaría en esta localidad”. 

Ahí nomás tomó la posta nuevamente Borra para explicar que desde el Municipio, se ha solicitado al señor Ministro Cristian Ritondo, tal mutación que facilitaría las cosas. Pero “hasta ahora, las respuestas son de carácter negativas. El Intendente mismo se ha puesto al frente del reclamo tan ansiado”, subrayó. 

Entre las derivaciones de la charla, se tocó a su vez, el crecimiento poblacional: “Esta es la localidad que más ha crecido en habitantes, dijo Latorre interviniendo, y compartimos, añadió, los pedidos de los vecinos. No nos parece buena la actitud de Ritondo de negar la categoría requerida de Sub Comisaría. Hemos estado siempre acompañando los anhelos de la vecindad”, esgrimió el edil quien contó que ha aumentado ostensible la matrícula de chicos en la secundaria de la localidad. 

“Ya hemos tenido una muerta: la señora de Corvi. La molieron a golpes y a los pocos días falleció”, exclamó Rodríguez en sintonía con murmullos de mayor seguridad que se oían entre las sillas. “A mí me apuntaron dos tipos, me pusieron dos armas en la cabeza y yo no sé nada de ellos. Con el terrible momento que pasé, ni idea quienes eran o como estaban vestidos. Yo estaba en el negocio y de golpe los tuve a centímetros de mí. Es una experiencia horrible”, expuso una señora. 

Los teléfonos de los Jefes circularon, se concordó en la promesa de controlar lo más posible, teniendo en mente también las motos con escape libre y otras vicisitudes. Entre atisbos de una pizca de optimismo y algunas grageas de escepticismo, la reunión fue concluyendo, no sin antes mostrar a los buenos intérpretes de la realidad que existe una especie de puja, o interna si se quiere, entre ciertos vecinos. “Cuando yo hice la marcha por el menor chorro, ninguna de estas personas fue. Ninguno dio la cara”, confío a este medio la organizadora de aquella movida tan singular. 

Por Mario Delgado.– 

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