Olavarría bajo la inseguridad que apabulla

La ola persiste, en un tiempo preelectoral, donde se incrementa a su vez, el uso de la violencia por parte de los que delinquen.

Un sujeto de 36 años de edad fue capturado por los servidores del orden cuando huía de una peluquería en pleno centro urbano local. Había sustraído diversos elementos pero fue interceptado a tiempo. 

A un fotógrafo también lo visitaron los amigos de lo ajeno: “Gente, me robaron en mi casa. Si se enteran que andan ofreciendo Canon 60 D., Canon 6 D y Canon 50 Mark II, avísenme. Gracias”, posteó en su perfil de Facebook. 

En un barrio del sur, el Nicolás Avellaneda, están entrando los malvivientes con los ocupantes adentro. Y se llevan lo que hallan a mano. 

A un joven de 16 años le birlaron el par de zapatillas que tenía puestas y el celular, este sábado a la noche en el Parque Mitre, cerca de la calle Hornos. Eran, según pudo apreciar en medio del nerviosismo propio del instante, dos muchachones que se fugaron con suma rapidez. 

A una joven madre le hurtaron la cartera, dejada en el asiento de acompañante de un vehículo en la calle Rivadavia casi Necochea. Tenía allí dinero en efectivo y documentos. 

En las inmediaciones de un comercio del barrio “12 de Octubre”, un repartidor fue de repente interceptado por tres individuos que le exigieron la entrega de dinero a cambio de “no molestarlo”. “Tuve miedo y les di $ 200 de mi bolsillo. Es como una especie de peaje que te cobran estas lacras en varios lados”, resumió muy enojado el trabajador. 

Y casos como estos podríamos citar hasta llenar varias cuartillas. En la mayoría incluso de los sucesos, los damnificados optan directamente por no hacer la denuncia, habida cuenta de “los trámites que te hacen hacer en la Comisaría y la auténtica pérdida de tiempo que significa todo este procedimiento”, afirma un señor que fue víctima de un reciente hecho de inseguridad, en tal ocasión, al norte de la ciudad. 

La ola persiste, en un tiempo preelectoral, donde se incrementa a su vez, el uso de la violencia por parte de los que delinquen. Esta realidad siniestra se traslada a las localidades también: “Tendrías que ver cada tarde como un grupito de adolescentes toma varias botellas de cerveza en la plazita de Hinojo. ¿Podrá acaso salir algo bueno de allí?, narra una anciana que conoció la tranquilidad de otros tiempos. 

Por Mario Delgado.- 

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