Avísenle a los garantistas

El avance delincuencial y la noción de impunidad e indefensión de la sociedad, no son de balde; tienen sus profundas connotaciones reales y valederas.



Los casos que aprueban tal tesitura se multiplican, se observan a diario, generando desde luego, una sensación compleja de plena insatisfacción en la gente que anhela, desde hace años, un cumplimiento acorde de las leyes establecidas o, en su defecto, una auténtica reforma que facilite la aplicación de los valores justicieros, pensando mucho más en las posibles víctimas de los descarriados que en los propios actores del malvivir. 

Una frustrada renovación del Código Procesal Penal se aguarda todavía. Y, mientras tanto, las causas se amontonan y los pobladores de la Argentina que marchan por la óptima senda, se ven burlados e impotentes ante tamaña indiferencia de la jurisprudencia, o de al menos, parte de ella y de legisladores también, por supuesto, que adhieren conscientes o no, a la teoría de Zaffaroni y Compañía. 

Los laberintos leguleyos son empleados a placer por los defensores del garantismo. Y de tal forma, la violencia se instrumenta sin atenuaciones. Y aquél que delinque, posee una batería de salvavidas a su alcance para no terminar siendo alcanzado por la ley, como correspondiese. 

En estos campos, se ha ido pasando por varios estadíos, tocando incluso puntos divergentes o extremos. Y en la pretendida búsqueda auspiciosa de equilibrio, algunos jueces, y legisladores, se han quedado en la vereda opuesta a la que debiesen estar. 

Que a un sujeto experto en las mañas de robar, se lo libere alegremente, tras el irrisorio pago de $ 700 es un ridículo que no merece ni la más mínima consideración. Tras conocerse este episodio tan repugnante, pareciera que algo iría a mutar… Para bien. 

En este contexto álgido, escabroso y hasta a veces bochornoso, mis amigos, me permitiré con vuestra licencia compartir un posteo de Facebook de la médica cirujana Amalia Parmetti, desde la provincia de Córdoba, escrito el 17 de febrero de 2018, a las 3:29 PM y que no tiene espacio para actitudes de vacilación ni tampoco de indiferencia.

Hete aquí el texto íntegro: “Soy cirujana, recibo delincuentes baleados en la guardia: te escupen, te insultan, te patean y te muerden mientras estás tratando de salvarles la vida. Los salvamos, es nuestro deber pero el deber de la Justicia es condenarlos. Pero les llega la libertad antes que el alta médico”.

Por Mario Delgado.-  

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