En el medio, la distracción


Olavarría avanza hacia una campaña política intrigante, con algunos nombres que ya salen a flote, pese al calor, y se van instalando como probables afluentes primordiales de las elecciones. Otros, aún duermen la siesta de no poseer dinero o estructura convenientes como para afilar la punta de la lanza y largarse al combate. 

Todo esto signado por algunos puntitos claves que no habrá que deslindar a la hora de observar con criterio e imparcialidad. 

Con algunos medios de comunicación haciéndose eco solamente de lo presuntamente bueno que acaece, sin notar ellos que la ciudad adolece de ciertas circunstancias para meditar. 

Algún día ojalá, la sociedad en su conjunto advierta y valore a aquellos que se presentan con auténtica libertad de expresión. En esta localidad cementera, no todos pueden decir o escribir, lo que realmente creen. Hay intelectualidades compradas al mejor postor. Esto no es nuevo, pero sí indigna tanta ingenuidad de muchos. 

La calidad laboral de esta comarca, se evaporó hace rato. La inseguridad es un tópico constante que asola cada vez con mayor asiduidad y profundidad, pese a los denodados esfuerzos para contener a los “amigos de lo ajeno”. 

Menores armados y arrebatadores y otros tipos de tropelías, se anotan a diario en las páginas del libro que cuenta la vida de nuestra ciudad. 

Por otro lado, los binoculares no muestran, por lo general, imágenes claras de varios oferentes que abrevan en aguas de manantiales diversos, con tal de caer bien o conseguir votos. 

La coherencia brilla por su ausencia en algunos “próceres” de la política vernácula y también la legitimidad de ideas. Es altamente factible una campaña basada en eslóganes y en el “berretín” de la polarización. 

El señor Intendente anunciará obras con plata provincial. Después de todo a la gente en general, le importa poco de dónde viene la plata. Baste que se hagan las cosas. Y cosas en los barrios, fundamentalmente, se han concretado en este tiempo de don Ezequiel Galli. Obras impensadas otrora. Y barrios olvidados han podido florecer de pronto. 

Pero para los opositores, como don Federico Aguilera o José Eseverri, la cuestión no camina por sendas de prosperidad y conectividad con un proyecto de ciudad acorde a estos años de modernidad y tecnología. 

Habrá que ver si Federico aglutina detrás de sí a toda la tropa émula de Perón y Evita. Por ahora, tal actitud, no se ha cristalizado. Por otra parte, Aguilera ata su carrera y suerte a un profundo cristinismo que no a todos convoca y convence. 

No obstante, es el político nativo que más incrementa pasiones por estas instancias. En un peronismo sin norte ni unidad, si él pudiese construir un novel proyecto, podría adelantarse un casillero más. 

El tema es que tiene varios adversarios dentro de su mismo redil. Aramburu, Stuppia y otros que suenan o podrían llegar a sonar. Y la tormenta incluso podría poner a Eseverri enfrente de él. Con un PJ que no se banca a determinados apellidos y con la consabida máxima práctica de los queridos justicialistas: “Quien pierde una interna, por ahí, como al descuido, vota a otro y no al ganador de su propio espacio”. 

Lo de José María es absorbente. Director hoy del Banco Provincia, ¿bajará al llano si no es para triunfar sobre Galli? Ezequiel estaría siendo el más votado por este presente inmediato, si bien es verdad que todavía resta carretel para ovillar el hilo. 

Eseverri habla con todos y constituye un pensamiento aparentemente nuevo, entre una opción vecinalista y la necesidad de apoyo nacional. Oscilando entre Vidal, Massa y Urtubey. Con Margarita Arregui y Einar Iguerategui como adalides. ¿Habrá otros nombres, que levanten la mano de la renovación dentro de sus filas? 

Además, y ya para terminar por ahora, no hemos de prescindir de los acuerdos josesistas con Cambiemos. Rompecabezas delicado en un proceso donde nadie debe digerir nada livianamente, sin rumiar. Porque nada es lo que muchos conciben y todo puede ocurrir. 

Por Mario Delgado.- 

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