La indefensión de los uniformados: entrevista a Celia Osinaga

En diálogo exclusivo la señora Celia Osinaga de la “Asociación Civil de Derechos Humanos del Personal Uniformado”, nos cuenta las distintas vicisitudes del trabajador penitenciario y policial, en la cruda realidad de estos tiempos.


¿Cuándo comenzó esta tarea de ocuparse de los derechos humanos de los uniformados? “La verdad que hace décadas que venimos luchando por sindicalizarnos y entonces, como esto no es posible, se ha creado una asociación de derechos humanos para el personal uniformado que está ya en trámite dentro de la Dirección de Personería Jurídica.  Venimos llevando adelante  una lucha permanente por el bienestar de nuestros compañeros y si bien ahora estamos más abocados a la Provincia de Buenos Aires, tenemos implicancia a nivel nacional, en todo el país”.

¿Cómo tratan de llegar o cómo llegan efectivamente, a cada caso de aquellos que tienen problemas personales o de trabajo? “Nosotros hace quince años que estamos intervenidos y desde ese momento a la fecha, no hemos sacado nada productivo. O sea, es un maquillaje a la situación, porque conocemos fehacientemente la MALA COTIDIANEIDAD del personal. Recibimos llamadas y mensajes de compañeros que NO LA ESTÁN PASANDO NADA BIEN”.

¿El tema puntual de la intervención, ¿por qué surgió? “Fue una decisión política del gobierno kirchnerista”.

¿Las contingencias de violencia, el hacinamiento, la superpoblación carcelaria, repercute en los agentes? “Sí, totalmente porque hay una falta de personal que es clarísima en todas las unidades. La Ley dice que por cada ciudadano detenido, son dos guardias. O sea, estamos bajísimos en la cantidad de personas que prestan servicio. Hay mucho menos de la mitad, y los que trabajan lo hacen recargados de horarios y tareas. La mayoría de los recargos son gratuitos. Hay comparendos también. La situación laboral y de paga, no es la mejor”.

Ante los reclamos que ustedes hacen por los casos concretos, ¿son escuchados o no? “PARA NADA. Hemos tenido en este año que se terminó hace días, casos muy graves y no obtuvimos ninguna contestación aceptable oficial. Tuvimos en Campana un problema bastante bravo con un oficial gravemente herido, que por suerte se recuperó, pero recién después que sacamos este drama en las redes sociales, aparecieron la Jefatura y las ayudas que debe tener cualquier empleado. Después de eso, tuvimos un episodio desgraciado en la Unidad 1 de Olmos, donde se investigan las causales del suicidio de una mujer uniformada muy joven. También ha surgido un problemita en la Unidad 4 de Bahía Blanca y además, dos oficiales heridos en la Unidad 47 de San Isidro. Todo se origina en la FALTA DE CONTENCIÓN al personal. Hay un montón de factores que están afectando a la gente que está trabajando mal. Insisto: el trabajador penitenciario está mal. Pero no puede hablar, no puede denunciar, porque es su trabajo, es su vida, son sus hijos y así sucede que posee un cúmulo de situaciones en las cuales, se halla limitado para poder expresarse. Nosotros no desconocemos lo que les agobia, precisamente por eso vamos a continuar luchando hasta que podamos hacer una “mesa de concertación”. No estamos en contra de nadie, ni de la Gobernadora, ni del ministro, ni de Jefatura, simplemente queremos sentarnos a la mesa de diálogo para consolidar cómo debe estar el trabajador penitenciario”.

Por tus palabras se desprende que hay una desprotección tremenda hacia el empleado penitenciario, sobre todo a los que están dentro de los muros. “Eso es tristísimo. Los compañeros que están en el área del Penal digamos, sufren recargos más recargos, más comparendos. Cuando llegan a cobrar las horas no aparecen. Existe un gran descontento frente a la liquidación de las horas cores. Lo que cobran es irrisorio porque ese personal tuvo que ir en dos micros y luego lo mismo para volver a su casa. Hay chicos que en el conurbano toman seis colectivos para llegar a destino. ¿Con qué ánimo pueden arribar a su hogar? Porque el problema no sólo es laboral, sino también familiar”.

¿Se respetan las jerarquías? “Se ha perdido el vértice de lo que eran antes las jerarquías. Otrora tu trabajo era en base a tu antigüedad. Nosotros nos encontramos ahora que, personas con un impecable legajo, están subordinadas a jefes con menor antigüedad, y menor jerarquía. ¿De qué sirve entonces hacer una carrera correcta, idónea, si luego te pasa a ordenar alguien con menos años de servicio? Hasta en ese contexto, hemos perdido la dinámica y el respeto.”

Algo de eso me habían comentado pero del lado policial… “Es idéntico el cuadro en la policía. Conocemos el caso de una oficial, que no es de la Séptima Sección, que ha soportado ¡VEINTIDÓS TRASLADOS! SIN MOTIVOS. ¿Cómo vas poner a una persona en tal meollo? No importa si es mamá, si los chicos van al colegio o a la guardería. La Ley nuestra viene de la época del Proceso y la aplican sí para hacerte un sumario administrativo o sancionarte, pero para la parte personal, no se entiende”.

En tal cuadro que describís: ¿Cuál es la asistencia práctica que ustedes pueden hacer? “Siempre estamos dispuestos a escuchar al trabajador penitenciario o policial. Tenemos un grupo de abogados y psicólogos. Nos hemos dispuesto a organizar también una parte de adicciones con profesionales especializados. Aguardamos con impaciencia la personería jurídica que nos ayudaría muchísimo en nuestro funcionamiento. El personal está abandonado a criterio de lo que pueda pasar. Si hasta los pasajes en micro, tienen que pagar… Y comprarse la ropa de trabajo”.

¿Cómo tiene que hacer aquel uniformado que desee contactarlos a ustedes? “Mi teléfono figura en mi perfil de Facebook. Tenemos abogados que asesoran en forma gratuita. Y además, un letrado que atiende en forma personalizada”.

Entrevista: Mario Delgado.-

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