¿Qué esperabas?

Si la atención la pones de lleno en un partidazo de fútbol, olvidando el resto del mundo. Si se deslinda con tanta facilidad la crudeza de la realidad por unas cuantas horas, ¿qué esperabas?

Si puteas al otro conductor por una maniobra brusca o por un descuido al volante. Si no tolerás al prójimo que no piensa idénticamente como vos, ¿qué esperabas?

Si te basás en mirar la película desde una sola óptica y no admitís doble opinión. Si has naturalizado la violencia como si nada ocurriese, ¿qué esperabas?

Si te has sumado a los miles de argentinos que han hecho un endiosamiento de la barbarie. Si no has protestado jamás por la decadencia visible desde lejos de la cultura, ¿qué esperabas?

Si no tomaste nunca en cuenta que dejabas de lado, como a un despojo, cualquier noción de autoridad. Si te reías a menudo de las ideas sancionatorias para barras bravas, políticos corruptos, sindicalistas inescrupulosos y otras alimañas similares, ¿qué esperabas?

Si frente al clamor de algunos adelantados que han advertido el peligro, has elaborado excusas para zafar. Si defendiste causas increíbles en aras de un progresismo absurdo e irreal, ¿qué esperabas?

Si bancaste con estoicidad la pérdida sistemática de la noción del trabajo digno. Si te regodeabas con la multitud de planes sociales, ¿qué esperabas?

Si no entendiste que castigar a los culpables, es sólo cumplir la ley. Si sostienes aún con fuerzas apolíneas, que las situaciones se mejoran sin normativas precisas, ¿qué esperabas?

Si no crees en las instituciones. Si te causa gracia que el líder de la Iglesia Católica, que debiera cobijar a todos sin distingos, se sepa peronista, ¿qué esperabas?

Si te enrolas en las divisiones, tomando partido con brusquedad. Si fogoneas desde tu sitio, a los pregoneros de lo absoluto, ¿qué esperabas?

La suciedad se coloca arriba de la mesa con sumo gusto desde hace ya tiempo en este alicaído país, y, entonces, ¿qué esperabas?

Por Mario Delgado.- 

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