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Olavarría y algunos “Puntos oscuros” de la semana
1.- La nocturnidad adolescente.- No es un cuento de hadas, o una excelente fábula de Esopo; es la crucial realidad que nos toca en suerte resolver por estos días tan tecnológicos, mis amigos. El tópico en cuestión es que corno hacer con la noche juvenil en este distrito.
La Ley es clave ante cualquier debate. Ya se corre con cierta desventaja, pues. La 14.050 reglamenta toda la Provincia y expone con dureza una franja horaria que ha de respetarse.
A raíz de tal explicación textual, no es fácil tratar de componer un escenario alternativo, dado que la muchachada decide salir a bailar y divertirse, a contrareloj, de modo que queda desfasado el aspecto dogmático legislativo bonaerense.
Los esfuerzos sobrehumanos que impulsan los ediles de la Comisión de Nocturnidad local, son dignos de tener en cuenta. Ávidos de resolver la disyuntiva existencial que se les ofrece, han hablado con diversos actores, desde los propios pibes, hasta la señora Jueza de Menores de la tribunalicia ciudad de Azul, como así también con los dueños de locales bailables.
Las probabilidades de mutar algo en concreto, son muy limitadas, por la punta de lanza de la ya expuesta Ley. Así que lo que puede surgir es un atajo, un sendero de emergencia que se aplique aquí, pero sin que esto perjudique la imagen del Ejecutivo o de los mismísimos concejales. Porque el asunto requiere hilar muy fino. Si hay una prohibición horaria, romperla es imposible desde este territorio.
Además son costumbres. Porque si las pibas y pibes, salieran más temprano, como era otrora, todo encaminado. Mas no se da de ese modo. Entonces surgen los atajos manifestados por los chicos que se las ingenian para crear sus ámbitos de encuentro, aún por fuera de lo establecido.
Con complicidad o no de los padres, pululan las fiestas privadas, donde corre la libertad absoluta, aunque sea apenas por unas horas. El aviso pertinente de vecinos ante los ruidos y movimientos estertóreos y los férreos controles municipales y policiales, suelen desbaratar estas correrías adolescentes, plagadas eso sí de alcohol y otras yerbas.
¿Pero, hasta cuándo?
2.- El fantasma de la inseguridad acecha.- El anuncio pertinente efectivizado por el señor Comisario Inspector Carlos Roldán, Jefe de la Distrital, de que se estudia en los anales policiales y municipales, la concreción, dentro de la brevedad posible, de una novel Comisaría que aparecería con el número tres en sus espaldas, va calando hondo en la comunidad, necesitada de respuestas contundentes en cuanto al desborde de lacras asolando distintos barrios y localidades del partido.
Los pichones de hampones no discriminan hora ni lugar y por ende, ya en algunas zonas la preocupación desgarra los corazones y las mentes de quienes no logran vivir con tranquilidad.
El deseo de paz y armonía es más fuerte y los vecinos producen redes de contacto a través de los teléfonos o contratan seguridad privada para intentar capear el temporal de malandras que los comprime.
Sería buena cosa otra sede uniformada más, con efectivos eso sí, en las calles y no “acobachados” en disposiciones administrativas. Se buscaría traer aquí a los agentes que fueron enviados oportunamente al conurbano y se prevé además, que a poco andar, la Policía Local dejaría de funcionar como tal, de modo que bien se podría acoplar con la provincial.
Los módulos y los otros estamentos, continuarían en su derrotero, esgrimiendo un grado mayor de protección al ciudadano. Por otra parte, se anticipan más cámaras de vigilancia y se está aceitando el mecanismo, como no se cristalizaba desde hacía tiempo, entre el Palacio San Martín, con su personal de Monitoreo incluido, y el Jefe Distrital.
El correr de las semanas, será el mejor testigo…
3.- La carpa bullanguera.- El hilo conductor del conflicto entre el líder sindical municipal don José Stuppia y las autoridades de Rivadavia y San Martín, puede arrancar en cualquier punto. La excusa fue implantada luego del ofrecimiento salarial, lo que no quita que las circunstancias en la negociación paritaria, vayan deshojando aún más el libro de rispideces entre ambos sectores.
La paz del principio de la gestión se truncó y, hete aquí, que no se avistan espacios de mejoramiento de la tensión actual.
En conferencia de prensa el Intendente puso los porotos sobre la mesa y anticipó un Decreto para arrimar el bochín con un 18 % para los hoy ya más de 2.500 empleados.
Y al rato nomás, don Stuppia y colaboradores, acompañados por algunos colegas gremialistas, hicieron gala de un tenaz rechazo, aduciendo una nueva tomada de pelo, de cara a la inflación reinante.
¿Quién digiere la lucha, tantas semanas? Obviamente falta una vertiente de diálogo constructiva, es palpable eso. Entre bocinas que enloquecen a propios y extraños, entre el humo corrosivo y los almuerzos populares y las demandas judiciales del Municipio y de vecinos hartos, la carpa céntrica permanece intocable. Las multas se pagan y las molestias siguen su curso.
No obstante, frente a la legitimidad del reclamo que nadie debe escindir, hemos de inquirir una contestación: ¿Cuántas almas, de las 2.500 y fracción que componen el “staf” municipal, se sienten plenamente identificadas con este escándalo mayúsculo? ¿Cuál es el rol de los contratados? ¿Se hacen acaso ver?
Historia repetida, aburrida y problemática, fuera de foco para un distrito como éste que no quiere dramas ni conflictos que duren mucho. Amor y odio entre el Sindicato y el Ejecutivo que nadie sabe a la sazón, cuánto posee de auténtico o de cortina de humo.
Por Mario Delgado.-




