Inseguridad: vestigios de un costado que pocos quieren ver

Que el extremo de la inseguridad se toque con la diestra, es preocupante. Quizá la bolilla salte finalmente, después del repudiado robo de su vehículo de traslado, una moto, al conocido y apreciado vecino laburante, don René Hualpa.

Una Gilera Smash de 110 centímetros cúbicos, patente K597 KWT le fue sustraída como si nada por manos desaprensivas y malévolas. La ola de rechazo inundó las redes sociales y al poco andar, el popular canillita, tenía la solidaridad servida y alguien, de buen corazón, le entregó otra unidad para continuar su diaria tarea, tan vista por todos en distintos puntos cardinales de la ciudad.
Y así se podría llenar varias cuartillas con ilustraciones similares, e incluso con otras de mayor intensidad en cuanto a la violencia empleada por los delincuentes.
No hay barrio ni localidad que se exceptúe a la triste regla. Ni tampoco horario excepcional. Cualquier sitio y franja horaria parece ser la conveniente para los fuera de la ley y el orden.
La carreta de la convivencia pacífica y normal, ha perdido un eje, efectivamente. No puede nadie negar tal actitud de la cotidianeidad tan drástica.
Y entre celulares y tarjetas SUBE, quitadas a los pibes, y entre las casas “visitadas” por los maleantes, y los comercios que también son blanco de los hechos improcedentes, nos hemos ido curtiendo. La vorágine no cesa.
El peligro está a la vuelta de la esquina. El enemigo cruje los dientes, buscando a quien devorar. A quien embromarle la vida, tan compleja de por sí. En el devenir de tanta casuística negativa, la capacidad de asombro se diluye, contorsionándose con movimientos espasmódicos.
Dicen los que saben del paño, que son unas poquísimas almas las que asolan la comarca. Con la pérfida transmisión en varios casos, de la misma “profesión” delincuencial de padres a hijos. Y el pleno sometimiento por supuesto, mis amigos, de la droga que subyace en forma cada vez más frecuente.
Las viejas y nóveles recetas del cómo y el por qué, frontales colisionan contra la praxis severa e irrefutable. No habría que perder de vista que gobiernos de los tres niveles y funcionarios ´policiales y judiciales, han cumplido su ciclo y “el pescado sin vender”.
A lo mejor resulte algo sorprendente la verborragia de ciertos personajes, al tocar este tópico tan sutil. Sobre todo si nada hicieron cuándo era su turno de accionar mecanismos.
Pero la sombra no podrá cubrir siempre al sol. Porque si tal sucediese, entonces estaríamos bien “sonados”. Sin embargo la telaraña está muy extendida con connivencias increíbles pero ciertas, con corruptelas truculentas y con aquellos que se prestan a vender el alma al Diablo.
Y sobrevolando la tienda del horror, los idiotas útiles de siempre, compulsivos compradores de elementos robados.
Por Mario Delgado.-

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