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La Región

Tandil: cientos de personas saquearon un depósito de mercadería que sufrió un importante incendio

En horas de la medianoche del sábado las llamas se apoderaron de un depósito situado en la Ruta 30 y Eva Duarte -frente al Parque Industrial-, perteneciente a supermercados chinos y consumieron millones de pesos en mercadería, además de devastar casi por completo el galpón

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Los Bomberos actuaron incansablemente durante 15 horas y cuando finalmente lograron sofocar el siniestro, comenzaron a llegar al lugar cientos de personas que durante el trascurso del día y la noche se llevaron todo lo que no había quedado inutilizado por el fuego, desestimando el peligro de un edificio a punto de derrumbarse.

Los Bomberos del cuartel de Villa Italia recibieron el llamado alertando del incendio pocos minutos después de la medianoche del sábado. Una vez que llegaron al lugar, observaron que el siniestro se había originado en unos pallets situados en la parte trasera del lado externo del galpón. Pero ya cuando arribaron había una superficie muy importante envuelta en llamas, de unos 40 por 20 metros, por lo cual tuvieron que pedir apoyo al cuartel central que mandó varias dotaciones.

Ante la magnitud del incendio, un rato después, pidieron apoyo también a los Bomberos Voluntarios de Barker y Vela.

En total, actuaron siete dotaciones y más de 30 bomberos durante un lapso de 15 horas para sofocar el impresionante siniestro que afectó unos 900 metros cuadrados, que era la superficie total del galpón.

El saqueo

En el lugar había todo tipo de mercadería de diversos mercados chinos de la ciudad y la pérdida fue total en lo edilicio, y en lo que es mercadería por la tarde comenzaron a arribar cientos de personas que con el correr de las horas y la noche, se llevaron todo aquello que no había sido directamente afectado por las llamas.

De a poco se fue sumando más y más gente. En la avenida Eva Duarte, una columna de aproximadamente 20 autos se sumaba a otros más de 20 vehículos en el interior del predio. Familias, adolescentes, menores, gente de distintas edades y con vehículos de lo más diversos desafiaban el peligro de un edificio a punto de derrumbarse para llevarse lo que fuera. Lo que se podía aprovechar, cualquier cosa podría servir.

Algunos con varias botellas en mano, otros con alimentos de todo tipo, artículos de limpieza, de higiene personal, bolsas llenas de mercadería. Entraban y salían motos, autos, gente a pie. Por Eva Duarte se veía mucha gente caminando ya en horas de la noche de ayer con bolsas llenas de artículos que había logrado llevarse del depósito.

En horas de la noche, los Bomberos volvieron a ser convocados porque la columna de humo no cesaba y era necesario hacer un enfriamiento en el lugar para prevenir que se no desencadenara nuevamente el foco ígneo. Fue imposible ingresar. Más de cien personas había en el interior del galpón, sirviéndose de todo lo que encontraban, revolviendo las cenizas, entre los vidrios rotos, desenterrando todo aquello que se pudiera utilizar.

La Policía no tenía orden de sacar a las personas que se encontraban en el interior y los Bomberos no podían trabajar en esas condiciones, por lo cual se retiraron sin poder hacer nada ya que necesitaban que el lugar fuera completamente evacuado para actuar.

Según trascendió, el dueño del depósito habría dado el okey en principio para que la gente se llevara lo que se encontraba puertas afuera del galpón, pero al estar el lugar abierto y sin custodia, también entraron al depósito, el cual saquearon por completo.

Al cierre de esta edición, la gente seguía adentro del galpón sacando lo que quedaba, lo cual implicaba un peligro inminente porque la estructura corría riesgo de colapsar en cualquier momento, o de desatarse nuevamente las llamas.

Cuantiosas pérdidas

A grandes rasgos, dentro del galpón había unos 10 millones de pesos en mercadería, de los cuales aproximadamente unos 200 mil pesos podían ser aprovechados. El resto se perdió por completo.

El depósito no contaba con seguro porque estaba tramitando la habilitación, que aún no había llegado.

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La Región

Abandonaron una camioneta con cuatro cadáveres electrocutados en el hospital de Bahía Blanca

Según las primeras investigaciones, se trata de los cuerpos de cuatro personas que intentaron robar cables de una línea de media tensión en cercanías de la ciudad, y recibieron una descarga de 33.000 voltios. Además de los muertos, había un herido, que sobrevivió.

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A última hora de anoche, una camioneta sorprendió al personal del Hospital Municipal de Bahía Blanca. Porque en su interior había cuatro cadáveres y un herido, y el conductor trató de huir luego de dejar el vehículo estacionado, aunque fue detenido. Los fallecidos y el herido habían sufrido una descarga eléctrica mientras intentaban robar cables.

Las primeras informaciones, según La Nueva Provincia, aseguran que todos se hallaban robando cables en un campo del kilómetro 57 de la ruta nacional 33 -pasando el paraje García del Río- y sufrieron una descarga eléctrica de 33 mil voltios. El incidente ocurrió después de las 23 del lunes.

En esas circunstancias, las víctimas fueron trasladadas por un sexto hombre a bordo de una camioneta Volkswagen Amarok, patente NUD 310, que quedó estacionada en la puerta del centro asistencial.

“Una descarga descomunal”

Si bien el conductor se dio a la fuga, horas después fue capturado tras un allanamiento en una vivienda de La Pinta 377. El detenido fue identificado como Ángel Daniel Gallardo, de 66 años.

Los fallecidos, según la Policía, eran Facundo Uribe (32), Joaquín Acosta (18), Fernando Gallardo (25) y Federico Strick (28). También ingresó con quemaduras por descarga Emanuel Chamorro Sepúlveda (20), pero se encuentra consciente.

Los ladrones recibieron una “descarga eléctrica descomunal”, señalaron desde la empresa distribuidora EDES a La Brújula 24, en referencia a los cables de medita tensión que estaban manipulando.

En el vehículo ocupado por los cuatro fallecidos, a su vez, se secuestró un handy con la frecuencia policial, elemento que ahora está siendo sometido a una investigación.

Perseguida

Al filo de la medianoche, la llegada de la camioneta provocó un revuelo en el Hospital, donde arribaron de inmediato el superintendente de la ciudad, Gonzalo Bezos, el secretario de Seguridad de la Municipalidad, Federico Montero, y el jefe policial Gonzalo Sandoval.

Se supo que la Amarok venía siendo perseguida por un móvil policial de la Patrulla Rural, que había advertido su presencia sospechosa en un campo de aquel distrito, que ya había sido blanco de delitos similares.

Los policías, al parecer, habrían perdido el rastro de la Amarok al ingresar a Bahía, pero con la ayuda del Centro Único de Monitoreo (CEUM), se pudieron determinar su llegada a la guardia del Municipal.

Para este martes se harán peritajes con el personal de EDES en la zona, ubicada a unos 30 kilómetros de Bahía Blanca. (DIB) MM

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La Región

Un poco más solos

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Y entonces sabíamos que iba a pasar, que algún día esa suerte de ausencia larga a la que lo había llevado la vejez y el extravío de la enfermedad se iba a convertir en un hueco definitivo. Eso al fin hace la muerte: reduce el último vestigio de lo cognoscible. Pero -y aquí el adversativo funciona a favor- queda el resto, la intensa y perenne memoria de lo que hizo, de lo que dijo (hizo mucho más de lo que dijo), de lo que fue, desde que silenciosamente llegó a la ciudad que lo abrigó.

Ha devuelto largamente esa manta que lo contuvo cuando llegó a Tandil, allá por 1988, cuando empezó a cifrar su sello en la Parroquia de Begoña y el definitivo, en la Parroquia del Santísimo Sacramento, allí donde siempre -rompiendo una tradición católica de más de un siglo- había imperado una visión católica integrista, muy lejos -o en antítesis- al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, del que él participó, surgido en la década del 60.

Secuestrado por la Triple A en plena dictadura militar -estuvo detenido de 1976 a 1981 en La Plata, bajo la órbita del torturador Etchecolaz- un obispo literalmente lo rescató y le salvó la vida. Fue Emilio Bianchi di Cárcano, que le dio cobijo en Azul. Su próximo paso fue Tandil y de aquí no se fue más. Si hay algo tan inobjetable como su labor pastoral fue la intuición que tuvo Raúl Troncoso para entender la matriz idiosincrática de la sociedad lugareña, y vale aquí incorporar el oxímoron ideológico del conservadorismo que hace.

El sacerdote detectó enseguida cómo funcionaba nuestra comunidad y, sobre todo, el círculo de poder. Y actuó en consecuencia: fue el hombre que durante más de treinta años supo hilar con tacto e inteligencia una malla de contención entre los más pobres y los más ricos. Ese puente sólo pudo tenderlo Raúl y está hecho de gestos mínimos, de política, de guiños y sobreentendidos.

El estallido social de 2001 encontró en su figura una suerte de liderazgo ecuménico, silencioso y eficiente para evitar males mayores a la hora de aquellos saqueos que aquí no se produjeron.

Fue el cura que menos habló políticamente en sus sermones pero que más hizo por los que peor estaban. Esta opción -que seguramente le valió algunos reproches de quienes esperaban algo más desde el púlpito- fue el acto más pragmático de su vida: en el púlpito que había sido de Actis y de Mosse, el primero un cura popular visceralmente anticomunista y el segundo un sacerdote abiertamente cerrado y aristocrático- tomó por el atajo del bajo perfil, la apertura de la Iglesia y las obras como prioridad; también de la real politik (el teléfono de Troncoso fue un ícono del poder en los más altos niveles y sus charlas a solas eran memorables) para la construcción de su gran misión a través de la Iglesia, como la labor de Cáritas, las Casas de la Esperanza, y su compromiso con el patrimonio serrano y los derechos humanos.

Por eso mismo nunca dejó de estar donde debía y si hay una imagen que revela este compromiso, fue cuando a principios de los 90 lideró la desoladora marcha de un puñado de personas que pedía justicia por el asesinato de Gilda Mansilla, una doméstica cuyo crimen aún hoy permanece impune. O en lo que tal vez sea la marcha de silencio más dolorosa y terrible que recuerde la historia de Tandil, que sucedió tras la explosión de un horno en Metalúrgica Tandil y la muerte de tres jóvenes trabajadores.

La muerte de Raúl Troncoso, justamente en estos días tan difíciles, no sólo duele por el vacío que abruma, por su pérdida irremediable, y por el largo adiós que acaba de comenzar. Nos duele también, a muchos, porque sin duda hoy estamos un poco más solos que ayer.

Por Elías El Hage

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho