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Opinión

Discordancias en “Cidegas”

El aire primaveral, cambiante y particular, nos trae en esta oportunidad algunas contradicciones, algunos puntos discordantes entre la visión sindical, la empresarial y las vicisitudes que padecen a diario los cuarenta laburantes de “Cidegas”, compañía dedicada a elaborar tubos de GNC en el distrito Olavarría. 

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El aire primaveral, cambiante y particular, nos trae en esta oportunidad algunas contradicciones, algunos puntos discordantes entre la visión sindical, la empresarial y las vicisitudes que padecen a diario los cuarenta laburantes de “Cidegas”, compañía dedicada a elaborar tubos de GNC en el distrito Olavarría.

Las conjunciones de contratiempos son de caracteres diversos y advierten sobre una auténtica crisis laboral que los obreros quisieran disipar cuanto antes, para poder desempeñar sus labores con mayor comodidad y respirar tranquilos.

El tema no es sencillo de resolver, para algunos actores, puesto que la observación sindical no ofrece similitud con lo que, da la impresión, afronta la masa trabajadora de “Cidegas”.

Desde hace cuatro meses, vienen produciéndose retrasos inoportunos en el cobro de los haberes. Y hace concretamente un mes que no perciben su recibo de sueldo.

Además y a raíz de un incidente sufrido por un operario, saltó a la luz del día otra pesadilla: desde hace doce meses, está cortado el radio de acción de la ART. O sea que pese al 21 % de descuento en los aportes, podría deducirse que dicho monto de dinero, no va al lugar que es menester, dejando desprovistos a los obreros de su protección habitual.

Otro rumor potente que nos ha llegado, sostiene que habría voces insidiosas susurrando en los oídos de los trabajadores, una peligrosa letanía: “Si no trabajan, no cobrarán tampoco”. Y se espera una fortaleza, un apuntalamiento a los obreros por parte de la línea sindical de SMATA, que no se estaría cristalizando, aunque la mirada del sector gremial de calle Alsina señala que ha puesto “toda la carne al asador” para resolver  situación tan quisquillosa.

Las historias, es evidente entonces, no coinciden. Porque se los estaría “apurando” a los obreros para cumplir sus cometidos, aún sin cobrar.

Se sujeta todo este panorama gris a un drama sustantivo: la enorme pérdida de ventas que se visualiza en el mercado nacional con relación al producto que fabrica la empresa en tratamiento.

¿Habrá en breve una necesaria reconversión? En el interín del debate, crece el dominio de la incertidumbre y el pesar es grande. Es que algunos de los obreros, ya la pasan mal, también desde lo alimenticio, pues dependen hoy de la solidaridad de familiares y amigos.

Algo raro sucede y es de desear que se clarifique todo, lo antes posible.

Por Mario Delgado.-




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Opinión

Milagro con perspectivas

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La historia del delantero de Defensa y Justicia es extraordinaria y emotiva. Y empuja a luchar, a bregar por un propósito, aùn frente a las dificultades o adversidades màs contundentes.
Brian Ezequiel Romero nació en San Isidro un 15 de junio de 1991. Ha pasado por diversas instituciones hasta llegar, hace apenas pocos días atrás, a convertirse en el goleador de la Copa Sudamericana con 9 goles en ocho partidos.
Por supuesto, fue el alma mater del título obtenido por el equipo de Florencio Varela, comandado por el entrenador Hernàn Crespo. En la final golearon a otra escuadra argentina: Lanùs, por tres goles a cero. Este fue el primer logro del conjunto fundado en 1935.
Todo es festejo y alegría por estas horas. Y el jugador rìe, feliz. Pero no siempre fue tan asì su carrera futbolística. Hubo de sortear un escollo muy delicado. Y tal situación, marca ahora un ejemplo de tesòn y voluntad de acero.
En noviembre de 2012 Brian militaba en el Club Acassuso. Sufriò un importante impacto negativo, luego de un cotejo. Revisado por un excelente profesional mèdico, recibió un durísimo revés: “No vas a poder jugar màs al fútbol”, le explicó directo el doctor. Su universo pareció derrumbarse en seco y a pleno.
Le diagnosticaron, después de intensos estudios, Artritis Reumatoidea. Estuvo quince días internado, bajo vigilancia mèdica, pero el jugador casi ni podía caminar bien. No sentía elasticidad en su cuerpo, de la cintura hacia abajo.
La desesperación cundìa en la mente y corazón del player, observando muy oscuro su porvenir deportivo. Muy incierto. Asì permaneció un año y medio, tomando tres pastillas por cada jornada y un corticoide por semana. Acassuso lo aguantò.
Cierto dìa, cuando las posibilidades reales de recuperación eran dudosas, pese a los paliativos de la medicina, su abuela, cuenta el mismo Brian, lo invitò a una iglesia evangélica cercana, a la que ella concurrìa.
Mantuvo el joven delantero una charla muy amena con el pastor y comprendió el valor esplèndido de la fe, que actùa sin divisar todavía en la pràctica, los màs profundos anhelos humanos.
Tal fue la reacción que Brian dejo por su cuenta y sin avisarle a nadie, las dosis de pastillas que le suministraban por su mal. Al concurrir a una nueva revisación mèdica, aquèl facultativo que le augurò un futuro negro, se estremeció hasta los huesos: “Estàs sano. No tenès ninguna afección”, casi gritò en la sala.
Desde ese momento, Romero no ha parado de jugar, meter goles y disfrutar de su profesión y excelente salud. Su agradecimiento a Dios, su familia y equipos que lo han contenido, son continuos. Jamàs se abatata frente al arco rival. Tampoco nunca olvida que su existencia es un claro reflejo de un milagro con perspectiva.
Por Mario Delgado.-

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Opinión

Demonizando voy

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A falta de diversiones en nuestra querida patria, un deporte nacional es demonizar algo en particular y presentarlo con destino de hoguera o de horca, sin meditar ni dejar espacios abiertos a explicaciones o descargos.
En rigor de sinceridades que escasean, el presumible arte de eclipsar al otro, o a una actividad, suele resultar muy fácil y libre de costos extra incluso. Una ganga. Y una vez elegido el objetivo, dadas las condiciones, cualquier esfuerzo vale para destruir o complicarle la vida a ese sujeto o emprendimiento.
Conviene resaltar que las personas pueden llegar a “comprar” esa actitud tan cruel, dado que, en grandes dosis, tal demonización proviene de los altos fueros del poder de turno. Porque el Gobierno es un utilizador compulsivo de tal método de yunque incisivo.
La variedad de agredidos se expande en el tiempo. Y, por supuesto, los dardos se perfeccionan también, con la búsqueda consecuente de ser cada hora màs dolorosos y letales. Como para derrotar de cuajo todo intento de esgrimir alguna defensa el molestado.
Hablando de estas contingencias, podemos con buen criterio de observadores imparciales, notar como se vilipendia al campo, por citar apenas un clarificador ejemplo que nos grafique lo subrayado antes.
Todos los misiles le apuntan sin miedo y sin piedad. Olvidando la implicancia productiva que posee la agro ganaderìa en estas latitudes sureñas.
Entonces se mezclan resentimientos ideológicos y políticos de hoy y de antaño. Y se crean los mecanismos cruentos, desde la dialéctica o a veces arribando aùn a los hechos pràcticos, para sellar las palabras hirientes con respaldo en la praxis.
Demonizar como vemos, consiste pues, en inventar un nuevo enemigo o redundar en epítetos graves para desvalorizar sin pausa. Y, en tal sentido, la zona rural, la producción campera, es un centro de estas vicisitudes cotidianas y maléficas.
¿Cuàntos títeres discursan sobre el campo sin saber siquiera cuàntas tetas tiene una vaca? Payasos de salòn muy bien pagos.
Se concatenan una gama perversa de mensajes y se miente a lo lindo, descaradamente. El verso para tapar agujeros es la supuesta “protección” del Estado a los pobres.
Se estigmatiza al productor, sin hacer distingos entre el pool de siembra y el chacarero “chico” que reniega con sus 200 hectàreas.
Se inserta en esta disputa el ítem de la rentabilidad que obtienen los ruralistas, inflando volúmenes y exponiendo que està mal ganar dinero con el sudor del lomo. Se desconecta cualquier datito de costos y erogaciones que van a cuenta de los agricultores o ganaderos argentinos.
Asì las cosas, el Estado que se queda con el 76 % de la producción, enarbola la insignia del malo y el bueno. Colocàndose del vector positivo, desde ya.
Para ejercer presión, aborda sin chistar la excusa de la venta “en negro” de parte de la producción de soja. Hete aquí un pequeño detallecito: ¿No debiera el mismísimo poder central, controlar en vez de soplar botellas?
Por Mario Delgado.-

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