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Opinión

El efecto candado

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Nunca es gratificante posar los ojos en una cadena gruesa abrazando a un señor candado. Es un símbolo de soledad, de inactividad. Y tal parece ser lo que acaece en una institución fomentista local, léase la de “Coronel Dorrego” que atraviesa una conflictividad crucial de potentes ribetes y sin visos de negociación positiva que acerque a las partes en vilo.

La movida concretada el viernes por la tarde en la plaza de Necochea y 17 por los componentes de “Un sí por los chicos”, puso en cristal de evidencia que no se lo quiere en su puesto al señor Presidente de la Sociedad de Fomento. La circunstancia viene de arrastre, desde luego. Y se relaciona directamente, según los manifestantes, con la negativa expresa de don Gastón Iraguenpaguate a franquear el salón para la actividad concisa de servirle a los purretes la merienda, cada sábado.

Como no se resolvía la temática y encima hubieron de darse episodios de extrema violencia, los integrantes del grupo benéfico, decidieron accionar con precisión: primero hacer saber la situación a quien desee oír y segundo, juntar firmas entre los vecinos, solicitando el rápido alejamiento del dirigente barrial al que acusan además de “no vivir en el Dorrego”. Convengamos que hubo un quiebre en el trato cordial del principio. Un hilo invisible que se cortó, muy de golpe, al decir de los autoconvocados.

“Usa la sala fomentista para sus reuniones evangélicas, los domingos por la mañana y nada más. No hace otra cosa”, remarca una referente de “Un sí por los chicos”.

No es tarea simple conversar con los habitantes del sector. Menos convencerlos de ponerse al hombro la responsabilidad de velar por sus derechos. Pero estuvieron varios con los chicos este viernes, al son de la música y al calor amparador del chocolate.

Algún acompañamiento institucional se tuvo: gente de Patria Grande, del Partido Obrero, de otros núcleos y también se ubicó en la zona de protesta el señor Gustavo Rueda, perteneciente a la entidad madre del fomentismo, la Federación.

Rueda pudo interiorizarse in situ del drama, conversando con Florencia Llorente y Gustavo Ratto, entre otros referentes.

Ausente estuvo el Municipio y el resto federativo. Presentes sí algunas chicanas y observaciones peculiares en torno al “entripado” actual.

“No tenemos lugar para dar la merienda. El sábado pasado hicimos la tarea en la casa de una señora vecina. Un espacio chico. Bien valió la buena voluntad. Si no estamos aquí. Quisiéramos el auxilio de la Comuna, que tomase cartas, al igual que Federación”, sostuvieron los organizadores de la jornada.

“La Sociedad de Fomento tiene que abrirse. No es posible que no haya actividades populares. Es un sitio para dar cursos y talleres. Iraguenpaguate tiene que irse ya”, afirman con soltura.

El silencio oficial del Presidente es conocido. No obstante expresó en la última reunión federativa que la conflictividad “está resuelta”. Los indicios sellan que no es tan así, lamentable es admitirlo.

Las horas son implacables. Veremos que nos deparan ellas como eje de la solución del dilema. Ojalá se de en breve, por el bien de los vecinos en general y fundamentalmente de los pibes del Dorrego.

Por Mario Delgado.-

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Opinión

Milagro con perspectivas

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La historia del delantero de Defensa y Justicia es extraordinaria y emotiva. Y empuja a luchar, a bregar por un propósito, aùn frente a las dificultades o adversidades màs contundentes.
Brian Ezequiel Romero nació en San Isidro un 15 de junio de 1991. Ha pasado por diversas instituciones hasta llegar, hace apenas pocos días atrás, a convertirse en el goleador de la Copa Sudamericana con 9 goles en ocho partidos.
Por supuesto, fue el alma mater del título obtenido por el equipo de Florencio Varela, comandado por el entrenador Hernàn Crespo. En la final golearon a otra escuadra argentina: Lanùs, por tres goles a cero. Este fue el primer logro del conjunto fundado en 1935.
Todo es festejo y alegría por estas horas. Y el jugador rìe, feliz. Pero no siempre fue tan asì su carrera futbolística. Hubo de sortear un escollo muy delicado. Y tal situación, marca ahora un ejemplo de tesòn y voluntad de acero.
En noviembre de 2012 Brian militaba en el Club Acassuso. Sufriò un importante impacto negativo, luego de un cotejo. Revisado por un excelente profesional mèdico, recibió un durísimo revés: “No vas a poder jugar màs al fútbol”, le explicó directo el doctor. Su universo pareció derrumbarse en seco y a pleno.
Le diagnosticaron, después de intensos estudios, Artritis Reumatoidea. Estuvo quince días internado, bajo vigilancia mèdica, pero el jugador casi ni podía caminar bien. No sentía elasticidad en su cuerpo, de la cintura hacia abajo.
La desesperación cundìa en la mente y corazón del player, observando muy oscuro su porvenir deportivo. Muy incierto. Asì permaneció un año y medio, tomando tres pastillas por cada jornada y un corticoide por semana. Acassuso lo aguantò.
Cierto dìa, cuando las posibilidades reales de recuperación eran dudosas, pese a los paliativos de la medicina, su abuela, cuenta el mismo Brian, lo invitò a una iglesia evangélica cercana, a la que ella concurrìa.
Mantuvo el joven delantero una charla muy amena con el pastor y comprendió el valor esplèndido de la fe, que actùa sin divisar todavía en la pràctica, los màs profundos anhelos humanos.
Tal fue la reacción que Brian dejo por su cuenta y sin avisarle a nadie, las dosis de pastillas que le suministraban por su mal. Al concurrir a una nueva revisación mèdica, aquèl facultativo que le augurò un futuro negro, se estremeció hasta los huesos: “Estàs sano. No tenès ninguna afección”, casi gritò en la sala.
Desde ese momento, Romero no ha parado de jugar, meter goles y disfrutar de su profesión y excelente salud. Su agradecimiento a Dios, su familia y equipos que lo han contenido, son continuos. Jamàs se abatata frente al arco rival. Tampoco nunca olvida que su existencia es un claro reflejo de un milagro con perspectiva.
Por Mario Delgado.-

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Opinión

Demonizando voy

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A falta de diversiones en nuestra querida patria, un deporte nacional es demonizar algo en particular y presentarlo con destino de hoguera o de horca, sin meditar ni dejar espacios abiertos a explicaciones o descargos.
En rigor de sinceridades que escasean, el presumible arte de eclipsar al otro, o a una actividad, suele resultar muy fácil y libre de costos extra incluso. Una ganga. Y una vez elegido el objetivo, dadas las condiciones, cualquier esfuerzo vale para destruir o complicarle la vida a ese sujeto o emprendimiento.
Conviene resaltar que las personas pueden llegar a “comprar” esa actitud tan cruel, dado que, en grandes dosis, tal demonización proviene de los altos fueros del poder de turno. Porque el Gobierno es un utilizador compulsivo de tal método de yunque incisivo.
La variedad de agredidos se expande en el tiempo. Y, por supuesto, los dardos se perfeccionan también, con la búsqueda consecuente de ser cada hora màs dolorosos y letales. Como para derrotar de cuajo todo intento de esgrimir alguna defensa el molestado.
Hablando de estas contingencias, podemos con buen criterio de observadores imparciales, notar como se vilipendia al campo, por citar apenas un clarificador ejemplo que nos grafique lo subrayado antes.
Todos los misiles le apuntan sin miedo y sin piedad. Olvidando la implicancia productiva que posee la agro ganaderìa en estas latitudes sureñas.
Entonces se mezclan resentimientos ideológicos y políticos de hoy y de antaño. Y se crean los mecanismos cruentos, desde la dialéctica o a veces arribando aùn a los hechos pràcticos, para sellar las palabras hirientes con respaldo en la praxis.
Demonizar como vemos, consiste pues, en inventar un nuevo enemigo o redundar en epítetos graves para desvalorizar sin pausa. Y, en tal sentido, la zona rural, la producción campera, es un centro de estas vicisitudes cotidianas y maléficas.
¿Cuàntos títeres discursan sobre el campo sin saber siquiera cuàntas tetas tiene una vaca? Payasos de salòn muy bien pagos.
Se concatenan una gama perversa de mensajes y se miente a lo lindo, descaradamente. El verso para tapar agujeros es la supuesta “protección” del Estado a los pobres.
Se estigmatiza al productor, sin hacer distingos entre el pool de siembra y el chacarero “chico” que reniega con sus 200 hectàreas.
Se inserta en esta disputa el ítem de la rentabilidad que obtienen los ruralistas, inflando volúmenes y exponiendo que està mal ganar dinero con el sudor del lomo. Se desconecta cualquier datito de costos y erogaciones que van a cuenta de los agricultores o ganaderos argentinos.
Asì las cosas, el Estado que se queda con el 76 % de la producción, enarbola la insignia del malo y el bueno. Colocàndose del vector positivo, desde ya.
Para ejercer presión, aborda sin chistar la excusa de la venta “en negro” de parte de la producción de soja. Hete aquí un pequeño detallecito: ¿No debiera el mismísimo poder central, controlar en vez de soplar botellas?
Por Mario Delgado.-

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