A unos días de las PASO

Restan tan simplemente siete arduos días, mis amigos, para que la sociedad argentina concurra a las votaciones conocidas como PASO, un intento de sondear en la práctica, los estímulos mirando a octubre.

Se desprenden ciertos tópicos para contraponer de frente a este nuevo ingreso a los cuartos oscuros. Varias conjeturas que podemos ir elaborando a medida que transcurren las horas y los referente salen a la pesca del voto, entre los fieles de siempre, los indecisos, los nóveles sufragantes, los desencantados y los esperanzados. Toda franja es visitada y validada también, aunque cada una merezca una consideración particular.

Un sondeo de una encuestadora capitalina subraya que tres de cada diez personas que irán efectivamente a cumplir con su derecho – obligación el domingo venidero, no captó aún a quién elegirá; cuál será la boletita que incorporará a la urna de cartón.

Tres de cada diez. No es una cifra para deslindar. (Habría que esgrimir aquí un interrogante sobre los que no irán a votar. Alguna encuestadora cita entre un 30 y 40 % del total empadronado). A todo esto, a manera de escueto ejemplo, el 29 % de aquellos que optaron por el “Frente Renovador” en 2.015, (hoy “Frente 1 País”), permanecen ahora en la categoría indecisos.

Por otro lado, el 81 % de los votantes de Daniel Scioli, hace dos años atrás, ya confirman su decisión para el 13. A su vez, el 71 % de los que avalaron a Mauricio Macri, ya saben a qué atenerse el próximo domingo.

Otro de los puntos lo redacta la cantidad de jóvenes que llega a su primigenia instancia electiva. Una clave para entender la situación, la da la escasa voluntad de los chicos para meterse de lleno en el universo político. Salvo honrosas excepciones, un cúmulo grueso de pibes está auténticamente en “ascuas”.

¿Cuál será el rol de los establecimientos educativos en estas últimas jornadas? ¿Se irán ofreciendo las explicaciones inherentes o se soslayará al menos la cuestión?

Los candidatos a su tiempo, recorren los destinos con una extrema exposición pública, en su gran mayoría. Sin embargo, subyacen otros postulantes que no han salido a la palestra para nada, que permanecen en un ostracismo perjudicial, puesto que si la gente no los “registra”, poco apuntalamiento les podrá suscribir luego.

Como toda puja democrática, ésta presente, cuenta en su haber con incentivos peculiares, de primera mano. Lo económico, la corrupción, el empleo, la seguridad, etcétera.

A nivel local, la idiosincrasia nos planta en conceptos urticantes: el Hospital, la carpa y el reclamo de los trabajadores municipales, el disloque del transporte público y otras aspiraciones vecinales vernáculas. Asfalto, o cordón cuneta o mayor empuje del Estado para reactivar el trabajo.

Todo lo que podamos ir escribiendo y diciendo, amigos, se barniza con una fuerte capa de descontento o desconfianza de algunos electores. Personas que han sido defraudadas en su ingenuidad o buena fe. Y a la que le cuesta horrores, volver a creer.

Es tarea entonces de los políticos, hacer reverdecer la planta marchita. En un sistema imperfecto, la perfección se graba en la participación popular, en no escatimar críticas o avales para continuar en pie. Porque para este círculo, no hay mayor control que el que debe construir la propia población. Si la gente es indiferente, el devenir puede obscurecerse.

Por Mario Delgado.-

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