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“Bronca, impotencia y más dolor”

Esta es una frase por demás elocuente, amigo lector, y la escribió con profundo malestar, desde luego, en su perfil de red social el hermano del comerciante asesinado el jueves 30 de junio, cerca del mediodía en su negocio de Calle 17 Bis al 4.700, en el barrio Trabajadores de Olavarría.

Pablo Palahy está conmocionado, como el resto de la familia y allegados de Fernando Palahy, que se fue antes de tiempo de esta tierra por culpa de un par de fuera de la ley.

Porque resulta que ahora, la Cámara de Apelaciones y de Garantía de Azul, presidida por el Juez José Luis Piñeiro, deja en libertad a Walter Ariel Leal, sindicado como autor material del disparo que terminó cortando de cuajo la existencia del comerciante.

El impacto que produce tal fallo, no es nada suave, teniendo en cuenta incluso que el otro detenido en la misma causa, Diego Pais, podría calcar la petición de Leal y salir a tomar aire puro en breve.

La justificación de tamaña decisión judicial, rozaría la “falta de mérito”, o sea la ausencia de pruebas vitales, incontrastables que certifiquen que Leal efectuó el tiro y Pais lo trasladaba en moto a su cómplice.

Pero no hay testigos oculares del suceso macabro. Y el exceso de garantismo, una vez más, amigo mío, inclina la pesada balanza hacia un lado concreto: el de los malos.

En un universo judicial, penitenciario y policial presente y que se halla, por excelsas razones, cuestionado al sumo, este tipo de circunstancia no ayuda a clarificar absolutamente nada.

Es una afrenta al bien común de los ciudadanos que pagan impuestos y tasas y quieren, por ende, ser asistidos como amerita por el señor Estado, el cual, como se ve, se “abre de gambas”.

“Buscaremos mayores elementos condenatorios”, expresó la doctora Elba Donatelli, abogada de la familia damnificada. En el mientras tanto, la incertidumbre y la pena candente ante la probabilidad de una inminente impunidad, rondará las mentes y los corazones de aquellos que amaban a Fernando.

La desprotección de la sociedad constructiva es tremenda. Inmensa responsabilidad estatal inconclusa aún. Y como sigan así las cosas, la luz en el horizonte, dista todavía demasiado.

Por Mario Delgado.-

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