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Opinión

Otro golpe de los indeseables

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El miércoles 20, pasadas las ocho de la noche, se produjo un hecho delictivo lamentable y tétrico en la intersección de Ayacucho y Avenida Del Valle de nuestra ciudad. Un caso que enciende ira en los ciudadanos de buena voluntad y pone de manifiesto, una ocasión más, que la desprotección cunde en medio de un contexto de cambios y de instrumentaciones que se intentan corregir.

Una mujer con espíritu solidario a ultranza, desprendida hasta el hartazgo, salía del salón institucional de “Juntemos las Manos” en Independencia 2.601. Había ido a apagar las luces, luego de los talleres de capacitación que allí se realizan.

En su bicicleta que ha motivado incluso que se la bautice “El Ángel de la Bicicleta”, se dirigía a su hogar, luego de una ardua jornada laboral, donde por supuesto no faltó el espacio para hacer beneficencia con el necesitado de auxilio.

En la mente y en el corazón de la dama de rulitos al viento, el pensamiento es casi excluyente: la actual situación de Amparo Gaitán y su familia, su mamá Paola y su papá Juan, que la viene remando con insistencia y tesón, en medio de un cuadro de enfermedad de la niña de tres añitos.

Recordemos que Amparito padece una patología cancerígena llamada “Sarcoma de Ewing”, lo que motiva una serie de quimios y un tratamiento prolongado que va de Bahía Blanca a La Plata. Consignemos que ellos pertenecen a San Jorge, partido de Laprida.

En estos menesteres mentales se hallaba la señora en cuestión cuando fue sorprendida por al menos dos sujetos, un menor y un mayor, quienes con rapidez inusitada le arrebataron la cartera, aprovechando la escasa luminosidad del lugar.

Comenzó el horrendo caos, y con dolor inmenso en el alma, la mujer salió detrás de los indeseables que le birlaron una suma importante de dinero: 3.100 pesos en calidad de donación de los empleados de Coopelectric, justamente para Amparo, 1.500 pesos de un Bono Contribución que vende el Grupo y varios cientos de pesos de entradas vendidas para la peña “Manos Solidarias Despierta” que se desarrollará en la noche de este viernes 22, como así también cuadernos con anotaciones personales y llaves.

La atención de un amigo que se acerca, y su esposo que entra en escena luego también. Desesperada búsqueda de uno de los individuos ladrones que corre hacia el barrio de las 104 viviendas.

Los nervios combinados con el llanto y la enorme desazón. Y la impunidad de una familia que resguarda y protege al presunto autor material del ilícito, que, gozando de un inusitado desparpajo, se cambió de ropa como para disimular y despistar a la acusadora.

Los minutos son enormes, indigeribles. El peso de la angustia es insostenible para una persona tan sensible.

Mientras tanto, el mal corroe las entrañas de criaturas que crecen sin Dios ni Ley, burlándose de las sanas costumbres y hurgando dentro mismo de la sociedad que vive con temor y a expensas de esta ralea putrefacta.

Entonces marido y mujer van con premura a la Comisaría Primera. Y los pesares continúan allí, en forma increíble y repudiable en grado sumo. Dos servidores del orden, sentados con comodidad frente al televisor, ven deslizar la pelota por el campo de juego. Boca y Racing competían en la plana pantalla televisiva.

Y resultó a todas luces para esos dos policías, más urgente captar las imágenes del match que atender a la denunciante que les traía trabajo para hacer.

Ya casi eran las 21 horas. Y los uniformados no tomaron la correspondiente denuncia del delito acecido instantes atrás. Dejaron impávida a la responsable de “Juntemos las Manos” y siguieron en su periplo futbolero.

Al poco tiempo y, a instancias del Señor Daniel Borra, funcionario municipal del área de Seguridad, pudo la víctima radicar el registro de lo ocurrido en las oficinas de la Distrital.

El mayor está identificado y es un pájaro de averías. El menor se ha alimentado muchas veces de la mano de la mujer a la que asaltó tan cobardemente.

Otro golpe certero de la lacra inmunda que nos salpica y una página especial, en recuadro para estos dos policías que, si hay Justicia con mayúsculas, ya debieran haber sido exonerados de la fuerza que deshonran con su sola presencia.

Por Mario Delgado.-

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Opinión

Lo bueno de tener prioridades

Tener prioridades es realmente óptimo: sugiere, entre otras cosas, que el individuo o los gobiernos de los tres niveles, poseen un criterio juicioso, y cuentan, además, con un proyecto de vida de largo alcance.

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Marcar las cuestiones a realizar o resolver con premura, habla bien y nos habilita a creer que hay una contemplación completa de la realidad, y, en base a tal visión, se planea un estricto núcleo de objetivos a cumplimentar. 

Marchar por la senda sin rumbo, sin norte ni guía, es mala o necia, al menos, señal. Por tal motivo se interpela siempre a cada quien, contar con una agenda al alcance de la diestra. Y activar los hilos en consecuencia, desde luego. 

A propósito, este pequeño marco introductorio pretende depositarnos, mis amigos, en un ítem crucial para la concreción individual y colectiva como ciudadanos plenos. Y, conviene por cierto mencionar, la imposibilidad de seguir guitarreando en esta temática que ofreceremos, y desprenderla lo antes posible, de fanatismos partidistas. Me refiero en concreto a la Educación nuestra, en esta nación gloriosa. 

Se ha difundido hace horas atrás un informe contundente por parte de la señora Ministra de Educación de CABA que sentencia con supina espontaneidad, los vericuetos de la niñez y adolescencia que no transitan por un camino elogiable en materia de aprendizaje, llegando a terminar la Primaria o estar en Tercer Año de la Secundaria y no saber leer y escribir sin yerros y tampoco poder comprender y explicar con palabras propias, un texto cualquiera. 

Tamaña deficiencia se ata, en cierta manera, al tiempo de parálisis escolar impreso por la pandemia y la sucesión de cuarentenas. Podríamos asimilar tal contingencia en mayor o menor talante; sin embargo las deducciones del informe van más allá del proceso frontal del Covid 19 y sus medidas aleatorias. El problema a aceptar sin disimulos ni excusas mantiene firme la idea de que, en rigor de verdad, hay un drama previo, un dilema estructural que se agudizó con el virus chino, pero no es solamente esta reciente etapa dispar, entre la virtualidad y la ausencia en las aulas. 

Aún se agrega otro condimento no menor: se ha hecho un relevamiento entre una determinada cantidad de chicos, de entre 12 y 16 años, para averiguar si logran captar los subtítulos de las películas habladas en inglés u otro idioma, en cines o dispositivos hogareños. El análisis resulta desalentador, puesto que la gran mayoría, expresa no alcanzar a leer en tiempo real los zócalos correspondientes, no por interferencias en la visión, sino por no saber leer de corrido. 

El temido abandono del noble hábito de la cotidiana lectura, es una incómoda piedra puntiaguda en el calzado. Y no se notan visos de mejoría. 

Como daño colateral, por otra parte, del virus coronado, se ha comprobado que alrededor de 600.000 alumnos en el territorio nacional y 200.000 en la Provincia de Buenos Aires, no retornaron a sus establecimientos educativos al abrirse la famosa y tardía presencialidad. 

Un escándalo, sin objeciones de ninguna naturaleza. ¿Y ahora, quién carga con semejante cruz social? Porque, ¿alguien puede aseverarnos que tales pibas y pibes, volverán raudos a sus obligaciones escolares, al ser visitados por un docente o asistente social?

Una auténtica lástima que redobla la apuesta a constatar en qué sitio hemos colocado a la educación. Obvio, que ha descendido varios peldaños de cómo supo hallarse situada otrora. 

Por Mario Delgado.-  

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Opinión

Te acostumbrás 

Un amigo, un poco mayor que yo, me graficaba ayer que, en rigor de verdad, los argentinos nos vamos acomodando, nos adaptamos, con suma ductilidad, aunque refunfuñemos, a ciertas cuestiones demenciales que debieran sacarnos de quicio y movilizarnos de otra manera. 

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“Te acostumbrás”, me pontificó, despejando incluso con tal frase, cualquier sombra de duda que pudiera subsistir aún. No hay pena ni atropello que no se nos haya puesto de manifiesto, y, sin embargo, continuamos erguidos como sociedad y metidos cada quien en lo suyo. 

La escasa atención que le brindamos a los sucesos del entorno, tal vez tenga mucho que ver con las instancias personales de cada sujeto. Las ocupaciones son cada vez más en base a que el dinero rinde menos. 

Se naturaliza la opción del mayor esfuerzo y la gente dispuesta, sale en pos de ganarse el cada día más caro, pan vital. Una pequeña gran gragea, un botoncito de muestra que nos revuelve la panza, pero, reitero, no todavía como la contingencia requiere de un pueblo auténticamente agobiado y harto. 

Los niveles de corrupción piramidal se elevan a la enésima potencia, revolean bolsos con dinero mal habido en conventos o cuentan plata afanada en sendos videos virales, y todo gira sin más que algún comentario atrevido, desafiando a la ya incorporada manía de soportar y sobrellevar el drama, las culpas de otros. 

No se hace ni siquiera un necesario gasoducto y luego llegan los “verseros” de siempre, con excusas y mensajes altisonantes. Y los robadores de vacunas contra el Covid se pasean orondos, dando cátedras seguro, de cómo fomentar el buen turismo ahora que todo mundo acató órdenes salvadoras. Hipócritas impíos, exonerados por el poder, como un tal Firmenich o un viscoso Verbitsky. Falsedades convertidas en relatos presumiblemente verídicos, para entretener a la platea boquiabierta, que no despierta.

En tal contexto de locura y terror, no escasean los heridores del campo, los que nada saben del trabajo aguerrido de los productores chicos o medianos, y demonizan al sector, olvidando que de ahí emana el 65 % de lo que consume el argentino. 

Y nos quedaría chico el espacio para ir citando con mayúsculas, si lo desean, los yerros y las tropelías de los poderosos que se apoltronan en sus sillones, bebiendo en copas de oro, el sudor de los humildes. 

Ya probaron el sabor de dominar a una población encerrada y muerta de miedo e incertidumbre y van a ir por más perversidades. Porque no les importa subsanar las necesidades básicas, ni mejorar la calidad de vida del ser humano; sólo ansían llenar sus propias arcas, permanecer y ampliar la red de mantenidos por el Estado, que son los votantes cautivos, los temerosos que no se irán del redil por no perder sus planes sociales. 

Mientras la inflación consume las billeteras y separa a familias enteras, ahorcadas y sin solución, al tiempo que la inseguridad y la droga incrementa su paso fuerte y mortal, se encienden los doble discursos, las linternitas de los jetones de ocasión, charlatanes de bar, sin programas efectivos para mutar tanta mugre. 

Te acostumbrás, es cierto y penoso, a convivir con la putrefacción y contemplar sin esperanzas el panorama difuso del país que amás. 

Por Mario Delgado.-   

  

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 Farmacias de turno en Olavarría Facultad de Derecho