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Opinión

Opinión: Búsqueda de un refugiado

Imponente visión tempranera de la Ley hurgando entre las paredes cuarentonas del barrio Independencia. La orden recibida es precisa: dar con un peligroso sujeto de averías.
Otra instancia más que conmociona los espíritus y los ánimos de la vecindad. Las estridencias de las situaciones delicadas, pegan cada vez más en los recodos del sector.
Una tensión que suscriben aquellas almas que tienen que soportar, estoicas y cargadas de interrogantes, las altisonantes alteraciones del orden y la pacífica convivencia barrial.
El individuo buscado es un “refugiado” en medio de la vorágine de cemento y hierro del coloso. En el Monoblock 5 es la cuestión. Los servidores públicos revisan palmo a palmo pero al final, no se lo llevan. Y él está; todos lo saben.

La sigilosa aguja del reloj, cumple su misión, tediosa y puntual. Los departamentos ocupados apenas se entreabren, ante la presencia uniformada. Los hacedores del mal, tratan de confundirse con el común de la gente.
Replicada historia histriónica de los últimos días. Histeria, desazón y vaivenes generados por una actividad que rinde frutos para un círculo de malandras: darle curso a las “tomas” de apartamentos.
Algunos propietarios ya piensan en vender, liquidando sus inmuebles. Es que asfixia el retorno a casa. Es que no se digiere con docilidad el incesante desmán, el ruido alto de la música y las risotadas burlonas de los jóvenes apiñados en ciertos lugares del barrio, bebiendo y consumiendo, ustedes ya saben qué.
Si hasta a un pobre pibe, menor de edad, lo hicieron “entrar” como un caballo en esto de “la jarra loca” y tuvo que caer de plano en las manos de un doctor, intoxicado por los “aditivos”.
No falta quien aduce estar armado entre los vecinos. Porque el cansancio es atroz. La dinámica diaria se ha convertido en un caldero, en un polvorín de intranquilidad visible. Tensión que se mide en el denso aire del Independencia.

“¿Cómo salir al exterior?”, se pregunta una anciana que moró por estos lares toda su existencia. ¡Cuántas anécdotas tiene para narrar! El problema es que nadie desea escuchar cuentos de tiempos idos. ¡Es tan drástico el presente!

De vez en cuando, no obstante, llega la novedad de un departamento recuperado. El señor dueño desembolsó una cifra “x” y le entregaron “al toque” la llave.
Se le contrae el rostro al tipo igual, cuando ve las condiciones en que quedó su capital. Será sin embargo, cuestión ahorita de redoblar esfuerzos y cuidar el tesoro.
Los herreros hacen su agosto, desde luego. La desconfianza, también. Mientras, las artimañas continúan en el cubil felino y las “víctimas” siguen, aunque se cree que ya no es como al principio del “juego sucio”. La trascendencia del dilema, ha colocado sobre aviso a más de uno.

Por Mario Delgado.-

 

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